Gildardo Izaguirre Gildardo Izaguirre

EL DELFÍN DEL FIN DEL MUNDO

Son las 8 del domingo, una mañana soleada. Estamos en el Puerto de Topolobampo, en la orilla del mundo (Así decía Koyré: “La orilla o el centro del mundo pueden estar en cualquier parte”). Nos disponemos a navegar rumbo al reino no lineal del famoso Delfín “El Pechocho”.

—“Soy Said, seré su capitán”. Dijo un hombre joven y locuaz, que sin esperar respuesta agregó:“mi nombre en árabe significa feliz, alegre”.

Se reportó a Capitanía y salimos a baja velocidad. Said “El Feliz”, está bien documentado, nos ilustró sobre la infraestructura industrial del Puerto. Fue impresionante ver el enorme cadáver de la otrora pujante empresa estatal PROPEMEX, que procesaba los productos pesqueros (Salinas también desapareció los Almacenes Nacionales de Depósito y la CONASUPO, y comprometió la Soberanía Alimentaria).

Al notar que interesaban más las aves, puso proa hacia ellas. Una hermosa Águila Pescadora se dejó hacer varias tomas y al momento de emprender el vuelo se despidió con una alegre zurrada; más adelante los fotogénicos Bobos Patas Azules (“Si más azules las patas en el macho, más atractivas para las hembras”. Pontificó Elmara). Pasamos las divinas garzas, los plebeyos pelícanos y los gráciles charranes.

En la cumbre verde de un cerro verde, divisamos el Faro, resplandeciente, vestido de blanco con pechera morada.

—“El Farero vive solo, trabaja 14 días y descansa 14; antes se podía subir, ahora no dejan los Marinos”. Informa Said-El-Feliz.

De pronto, Said maniobra y entra a una pequeña Ensenada, bordeada de manglar, no frondoso pero de un verde lustroso. Baja la velocidad. Se siente un silencio profundo. Estamos en El Bichi, hogar del Pechocho.

—“Allá está, al fondo, anda comiendo”. Nos dice el Capitán Said-El-Feliz.

En efecto, había revoloteo de peces, quizá lisas: “Agiten fuerte el agua”. Nos grita el Capitán

Los delfines no tienen orejas, pero “escuchan” con la quijada inferior, es hueca, rellena de una sustancia grasosa que recoge los sonidos, las transmite al oído interno y de ahí al cerebro. Tienen una gran capacidad auditiva. Seguro que reconocen la voz de los capitanes-lancheros, con ellos interactúan todo el año.

No tardó en arrejuntarse a la panga.”Rásquenle fuerte, con las uñas, para que no se vaya”. Nos ordenan. Y sí, a todos nos tocó acariciar al Pechocho.

El Biólogo echa mano de la Etología (Ciencia del Comportamiento, de la Psicología Animal) para explicar la conducta del Pechocho: al quedar huérfano, se queda sin el manual de instrucciones para integrarse a la vida social y se convierte en ermitaño con fuerte fijación territorial, pero como su cerebro está “puenteado” para procesar intensas emociones sensoriales y sociales con su especie, no soporta la soledad absoluta y las sustituye con los humanos para aliviar su estrés, seguro que con cada caricia y rascada produce chorros de oxitocina, la hormona del placer.

Es un animal imponente, robusto, quizá dos metros y medio, 250 k, frente abultada por su enorme aparato acústico (sonar) con ese emite sus señales acústicas para navegar y ubicar a sus presas. Los biólogos le nombran “Melón”.

Miré su ojo derecho, con ese nos veía a nosotros; el izquierdo lo usa para vigilar debajo de la Panga, ya que sus ojos son independientes.

La leyenda oral que se cuenta y repiten los guías de la expedición, como lo hace nuestro Capitán Said-El-Feliz, es que durante el Huracán Ismael de septiembre de 1995, una manada de delfines entró a la Ensenada del Bichi para protegerse, en ella iba el “Pechocho”, quizá como cría a punto del destete, de uno 24 meses; muere su madre, la manada sale del sitio, pero el “Pechocho”, por el fuerte apego madre-cría, se queda y como la comida es abundante, lo tenemos hoy fuerte y sano.

¿Qué edad tiene?. Si en 1995 tenía dos años, hoy peina los 33 años, la edad de Cristo.

¿Cuánto viven?. En libertad, los machos, por su intensa actividad sexual, 30 años y las hembras 50 años. El “Pechocho”, es macho, pero no se le conoce pareja, no gasta calorías en devaneos sexuales, así que, en teoría, puede llegar a los 45-50 años.

¿Qué riesgos enfrenta?. La contaminación y sobre todo la amenaza de la industria petroquímica (amoníaco, metanol, etc) que pretende instalarse en la Bahía de Ohuira y no solo es el Pechocho, sino toda la población de Delfines de la zona, investigadores del CIIDIR-IPN-Guasave, han identificado la zona de crianza de los delfines en uno de los recovecos del Sistema Ohuira-Topolobampo.

Razón tuvo nuestra compañera Angie, cuando le gritó en su cara a la Señora Alicia Bárcenas ¡Asesina de delfines!.

El DELFÍN DEL FIN DEL MUNDO.

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AVISO EN DEFENSA DE OHUIRA.

El domingo 13 de septiembre se desplegará una jornada nacional en defensa de las Bahías de Ohuira y Topolobampo (también del Pechocho y todos los seres vivos del ecosistema). Aquí en Mazatlán, estaremos en las Letras del Valentino a las 5 de la tarde de este Domingo 13 de septiembre. Lleva tu pancarta. Abajo pongo el “Flayer”.

Un Bobo Paras Azules, posó para La Cuartilla.

Elmara y el Capitán Said-El-Feliz. Excelente guía de la expedición Pechocho.

El Faro del Puerto. Como que dan ganas de irse a vivir en lo que el escritor Enrique Vila-Matas llama “Una cabaña para pensar”.

El Pechocho. Un delfín anciano necesitado de cariño. Hay que protegerlo de los amantes del amoniaco, metanol y de todos esos necrófilos mensajeros de la muerte.

El Pechocho requiere del contacto humano para aliviar su estrés de soledad. Cada rascada la proporciona dosis de Oxitocina.

Durante el recorrido en la Ensenada del Bichi, entró otra panga con dos hermosas criaturas humanas y el Pechocho se dirigió hacia ellos. “Le gustan mucho los niños”. Nos dijo Said.

Este Domingo 13 de septiembre a las 5 de la tarde en las letras del Valentino. Defendamos Ohuira.

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Gildardo Izaguirre Gildardo Izaguirre

EL DESCUIDADO RAPTO DE JELIPE O CUANDO LAS ÁGUILAS SABEN CONTAR Por Jaime Renán (del portal La Utopía del Gato)

La mañana del jueves santo, después de desayunar, agarramos un bonche de galletas de animalitos y agua para el camino, y marcamos rumbo pal otro lado, hacia el mar alto. No llevábamos prisa así que avanzamos hacia el sur por la ruta más larga pero más plana, evitando subir los médanos, y luego seguimos al oeste por un buen rato, hasta que encontramos los manchones de arena húmeda y apretada. El olor a sal y la brisa ligera acariciándonos la cara nos avisaban de la proximidad de la playa. Al fondo se miraba el Farallón para hacernos sentir aún más insignificantes ante el derroche de belleza del paisaje…

Imagínate que eres apenas un plebe y esperas todo el año para navegar cada Semana Santa, en un barco camaronero, hacia una isla de arena frente al Golfo de California y te pasas unas vacaciones inolvidables. Sin aire acondicionado, ni electricidad, ni cama, ni muebles, ni un triste excusado. Qué celular ni que ocho cuartos, ni te preocupas por andarte tomando selfies. El paraíso. Solo tienes que acomedirte a armar el campamento al desembarcar, las tiendas que sean necesarias. Después tienes que ir, todos los días, a traer leña del manglar que se ubica poco más allá del campamento principal, y a traer agua para beber. Si no hay tareas pendientes, ¡hilo papalote! A disfrutar del mar, la arena y el sol, hasta que el hambre te traiga de regreso a la tienda multicolor. Y otra vez a la vagancia; a pescar, sacar almejas, mirar a las morritas, robar huevitos de gaviota, caminar, trepar por las dunas, mirar el cielo estrellado, cantar alrededor de las lumbradas.

La isla es muy larga, forma una comba desde el islote en la punta sur, plagado de nidos de gaviotas, y se curva hacia el poniente, donde protege a la bahía del Colorado. El lado interno de la isla tiene un mar tranquilo que conecta una telaraña de esteros y canales escoltados por manglares. Hacia adentro sopla el viento que arremanga los granos de arena desde la playa de olas altas para formar los médanos, señoriales y apacibles. Los campamentos se establecen por el lado interior, donde no hay oleaje, y los barcos se fondean enfrente para proveer de agua y otros menesteres a los vacacionistas.

Ese jueves santo, el día del rapto, el agua estaba un poco fría en el mar alto, pero eso no fue obstáculo para disfrutar de sus olas y para escarbar en la arena, buscando almejitas blancas para comer con arroz.

-Ahora si llegamos hasta la torre-, lanzó el reto uno de mis primos, señalando con el brazo extendido en dirección hacia el norte. Seguimos con la vista la línea que la espuma formaba en la arena y, después de arrugar la frente y apuñar los ojos, pudimos distinguir la silueta borrosa de la baliza, que a esa distancia parecía una maqueta armada de palillos de madera.

-Culo de perro el que llegue al último- gritó otro de los plebes, pegando la carrera hacia la torre, mientras recogía sus chanclas y su camiseta.

Los más viejos no corrimos, ya sabíamos que aunque llegaras de último, no se te transformaría el culo de humano en un culo de perro, además, estaba demasiado lejos la meta para sostener un esfuerzo tan grande, a esas horas del día y con el sol amenazante. Pero de todas maneras caminamos con entusiasmo hacia la torre.

Ese año la parte más alta de la baliza estaba coronada con un flamante nido de águila pescadora, dejando apenas espacio para el enorme foco, que se asomaba tímido entre las ramas de chamizo y riñonina. Subimos en fila india por la escala marinera y, al llegar a la cima, rodeamos al nido hipnotizados por los polluelos que bostezaban y estiraban sus alas semiemplumadas, mientras emitían agudos graznidos casi imperceptibles.

Tratamos de aguzar nuestros oídos apuntando las orejas hacia el nido pues los sonidos eran difíciles de captar, casi chocábamos las cabezas tratando de escuchar a los incómodos volantones, pero sorpresivamente los graznidos se escucharon cada más fuerte y desde otra dirección; volteamos hacia el rumbo del Maviri solo para mirar a la madre de los polluelos que volaba a toda velocidad hacia nosotros.

Si nos dio mucho miedo, hay que reconocerlo. Bajamos muy rápido, al estilo bombero, mientras los gañidos se escuchaban cada vez más cercanos. Corrimos a toda velocidad para alejarnos de la torre, pensando que la rapaz ofendida solo quería alejarnos de sus hijitos, pero luego de hacer un rápido reconocimiento sobre el nido se lanzó contra nosotros emitiendo una serie de graznidos tan desgarradores que los percibimos como una seria amenaza, -según comentaríamos más tarde-. Tratamos de alejarnos más de la torre, corriendo a la máxima velocidad, creyendo que mientras más alejados más a salvo estaríamos de la madre indignada.

Volteábamos con la esperanza de dejarla muy atrás pero, por el contrario, se lanzó en picada contra el grupo de chamacos asustados, mientras nos lanzaba sus gritos de ira como dardos envenenados. Nos tiramos pecho a tierra para evitar que nos lastimara con sus garras o filoso pico, y nos pasó zumbando tan encimita de las cabezas que sentimos el aire que provocaba con sus alas y su cuerpo en formación de ataque.

- Pinche águila porqué sigue persiguiéndonos si ya estamos lejos de la torre? Gritó alguien desconcertado. Y la respuesta llegó enseguida, dejándonos fríos del miedo:

Me traje un pollo, contestó uno de mis primos o mi hermano Cecilio, perdonen la desmemoria, no alcanzo a recordar bien, mientras nos mostraba al simpático polluelo que parecía gozar con la corretiza que nos propinaba su encabronada madre.

Ahora si el terror se apoderó de los intrépidos exploradores que animábamos a los más pequeños para que corrieran más rápido y, luego de un tramo avanzado, nos tirábamos de nuevo pecho a tierra para que el águila no alcanzara a herirnos. Nos levantábamos y corríamos otro trecho mientras el águila formaba un círculo en el aire para atacarnos por la retaguardia como misil de plumas, garras e instinto maternal. Correr un poco y tumbarse, correr otro poco y tumbarse, correr un poco más con el corazón saliéndonos por la boca y tumbarse otra vez sobre la arena húmeda y rasposa.

Después de varios kilómetros de persecución el ave se alejó resignada, lanzando sus graznidos de dolor e impotencia, mientras regresaba a la torre a cuidar de sus otros polluelos. Alguno de los chamacos sollozaba de alivio por la tremenda experiencia vivida. En medio de la consternación alguien preguntó:

¿Las águilas saben contar? ¿Cómo sabía que faltaba uno de los pollos?- redondeó su sesuda pregunta.

La respuesta fue el reproche que todos nos guardábamos:

¿Porqué chingados te robaste el pollo?-

Seguimos caminando hacia el campamento, cansados y agradecidos pero preocupados, camelando…¿y ahora qué vamos a hacer con un pollo de águila pescadora?

Al llegar al campamento y contarles nuestra absurda aventura, los adultos se amontonaban para regañarnos y preguntarnos lo que no tenía respuesta:

- ¿Qué van a hacer con el polluelo?

Regrésenlo a su madre decían otros, con muy buenas intenciones.

¿Quién va a ser el valiente que lo lleve de regreso? Opinó uno de los más listos.

Si serán pendejos- agregó otro, sin proponer nada pero aprovechando para pendejearnos.

Así estaban de caldeados los ánimos cuando Efraín, esposo de mi prima Lourdes, mesándose la barba de Carlos V, dijo con gran aplomo, enmedio de la tienda de campaña:

Nosotros lo vamos a criar, nosotros lo queremos-, dijo como si hablara de un periquito o de una hermosa calandria.

Lo primero que hicieron los padres adoptivos, junto con su hijo Fabio, fue bautizar al pollo secuestrado con el nombre de Jelipe. Jelipe se volvió famoso en el barrio y le fue muy bien con su familia homínida; lo alimentaban diariamente con pescado, le construyeron una percha de madera en el portal de la casa desde donde miraba la bahía en toda su magnificencia.

El Fabio iba diariamente al embarcadero a conseguir lisas para Jelipe, así como ahora van los plebes a la petshop o al super a comprar croquetas pal gato. No parecía complicado criar a un jovenzuelo rapaz, el único inconveniente era que cuando zurraba salpicaba generosamente la pared de manera que la Lourdes y el Fabio tenían que limpiar, aguantándose el asco por el olor a pescado podrido, antes de que se secara la mierda en la pared.

Jelipe creció sin extrañar a su familia, agarró fuerzas paulatinamente y diario ensayaba breves vuelos desde el portal de la casa hacia el muelle de la standard. Al rato ya conocía todo el caserío pero siempre regresaba por la comida que le tenía segura su familia adoptiva. Igual que los plebes secuestradores que aprendieron a fumar, jugar al billar, noviar, faltar a clases y todas esas cosas que implica crecer, el águila maduraba en su mundo aéreo.

Cuando llegó el momento abandonó la percha del portal y se mudo al árbol de la tía Chepi; el pollo adolescente ya no regresaría al seno familiar. Desde ese árbol emprendía sus correrías y cada vez volaba más lejos y ni siquiera a comer regresaba a casa; Jelipe ya era autosuficiente. Por lo menos ya no tenían que limpiar las obras de arte que ripiaba contra la pared.

Así es el ciclo vital, qué le vamos a hacer. Un día, a principios de enero, se desperezó en la rama que usaba de percha y emprendió el vuelo para siempre. De vez en cuando un águila pescadora pasaba cerca de la casa, tal vez era Jelipe o tal vez no, pero no tenemos dudas de que sigue siendo muy feliz, donde quiera que se encuentre.

La pandilla que se robó el polluelo de Águila Pescadora.

El nido con los pollos de Águila Pescadora. ¿Las Águilas saben contar?.

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Gildardo Izaguirre Gildardo Izaguirre

CIEN DÍAS DE OHUIRA

No son los “Cien años de Macondo”, pero se le parecen. Veamos lo real-mágico:

(1) El 24 de junio, honraron a San Juan Bautista, le pidieron lluvia y el Bautista les respondió de inmediato: envió un aguacero torrencial.

(2) Don Juan, el jefe de la Bodega de víveres, jura que se multiplican los panes. En la noche, antes de cerrar la alacena (la cuidan porque hay robapanes, ya les compusieron un corrido) la ve medio vacía, por la mañana amanece repleta, nunca ha faltado comida en el campamento.

(3) En la mañana del 25 de julio, un ventarrón monzónico derribó un poste “de la luz”, al caer en los puestos de Guardia generó un potente arco eléctrico capaz de electrocutar a cualquiera. Dicen que guardias yoremes y cocineras volaron como en las alfombras del Gitano Melquiades y aterrizaron en la Ballena de Topo. Nadie salió herido.

En los “Cien Años de Macondo”, un cura levita, vuela al cielo Remedios “La Bella” y una mujer (Petra Cotes) tiene el Don de la Fertilidad, hace parir tres crías a las vacas y las gallinas ponen huevos dos veces al día; también en los “Cien Días de Ohuira” ocurre lo extraordinario, lo mágico y maravilloso: en medio de la fiesta, aparece un hombrón yoreme, pañuelo rojo al cuello, pide la palabra y habla por un compañero de lucha, enfermo, grave, su familia sufre. Con lo que puedan ayudar.

Extiendió su pañuelo rojo en el suelo y se hinchó de billetes. Eso es lo que se ha logrado con los 12 años de lucha prolongada y Los Cien días de lucha y resistencia intensa en el campamento: construir comunidad, concebirnos como una nueva familia, así lo dice nuestra querida Melina.

Y esto es la victoria que se celebra con los “Cien Días de Ohuira”: un pueblo organizado puede hacer morder el polvo al Gobierno y al capital; que donde hay poder popular, hay también poder político capaz de lograr se cumplan sus demandas y se solucionen los agravios históricos.

Eso es precisamente el encono, la obstinación y coraje del Gobierno Federal y del capital transnacional: no quieren que cunda el ejemplo y los pueblos organizados echen abajo sus megaproyectos contaminantes, asesinos de Ecosistemas, como el de Ohuira.

En noviembre del 2021, el Pueblo de Temacapulín y otras tres comunidades de los Altos de Jalisco, después de 10 años de lucha, vencieron al Gobierno Federal que pretendía, con la Presa de Zapotillo, inundar sus casas y parcelas. El principal estratega de la lucha fue el abogado Lupe Espinoza de Choix, de inmediato lo cooptó el Gobierno y hoy engorda la cochi como flamante Magistrado del Tribunal Agrario, además es yerno de la poderosa Fiscal General Ernestina Godoy. Así apagan los movimientos populares victoriosos: Compran conciencias.

En la lucha en defensa de la Bahía de Ohuira, dirigida por el Colectivo Ecológico Aquí No, se han topado con una voluntad de hierro y una paciencia a la altura bíblica de Job. El pueblo entiende que ceder a las dulces y efímeras promesas, es abrirle cancha a la industria petroquímica tóxica y aceptar el ecocidio y el etnocidio.

Por ese motivo hay que celebrar la resistencia y Lucha en estos los CIEN DÍAS DE OHUIRA. Punto final.

Mayela y Elmara. Manifestando su apoyo solidario al Movimiento Aquí No y a la defensa de la Bahía de Ohuira. Hacen comunidad en las redes sociales, pero bajan a territorio; recogen tradiciones de lucha del pasado, pero siempre mirando al futuro, usando la tecnología: WhatsApp, Instagram, Tik-Tik, Podcast…y ¿que sigue?…¿Dónde estarán las trincheras?.

El hombre tomó la voz y pidió ayuda para su camarada enfermo. El pañuelo rojo se hinchó de solidaridad. Es la nueva comunidad que se construye. Enfrente el anuncio de los 100 días.

El Campamento a reventar en la celebración, la Cantante Rosa María con un vestido de lunares, en homenaje a la recién fallecida Yayoi Kusama. El contingente de Mazatlán a la derecha, donde una chica de pie y pelo largo, es Elmara (su Profe Jaime le dice “Cuisuqui”, en yoreme es súper inquieta, hiperquinética).

Hubo actividad para niños. Dibujaron y pintaron.

El increíble Grupo de Baile “Las Chicas Ye-yé de Topolobampo” (así las presentó Camacho). Nos emocionaron con piezas como el Bule-Bule.

Un abuelo sigue con atención y mirada profunda la fiesta; su nieto come Ceviche de sierra que preparó la Angelita. Ella sería nuestra Petra Cotes.

El Dr. Bonifacio del Equipo Jurídico del Movimiento, en representación de Los Artesanos de Sinaloa, donó 500 llaveros de bulitos y pronunció un encendido discurso sobre los Derechos indígenas. Un gran tipo mi amigo Boni.

El indispensable José Luis Luna, de mente brillante, en todos los sentidos. Dio la bienvenida.

El Jaime Renán, hijo de Don Renato , “Topeño” profundo, que como dice el poema de José Emilio Pacheco, no podremos amar a la patria entera, pero si daría la vida “por diez lugares suyos”. Topolobampo, sería para Jaime, uno de esos lugares. Es nuestro guía en el conocimiento científico y literario de la comarca. Recién publicó, un excelente relato costumbrista, lo hizo en el Facebook, la red de los viejitos. Se lo voy a piratear para mi blog.

Cenando guacabaqui, el platillo tradicional de los Yoremes. Mayela, Elmara, Rosario y Jaime. Al fondo otros comensales del campamento.

Este personaje es Yambo Bacasegua, residente permanente del Campamento, él sería el sabio gitano Melquiades, de los Cien Años de Macondo. Es un excelente platicador.

La Güera, el Niño y el Poeta. Maribel sería nuestra Remedios “La Bella”, la que subió al cielo; el niño es Elián, el hermoso nieto de la Chivis y don Juan el Bodeguero; el poeta es nuestro compañero Tito, que le sostiene la mirada invicta al niño.

El trovador Mario Astorga, asistido por el incansable Enrique Ayala. Este es uno de los imprescindibles de Bertold Brecht y cada día se parece más al poeta Ernesto Cardenal.

El Camacho, mantenedor del evento. De los jóvenes activistas del Puerto, que junto con Angie, Inés, Frida…le pusieron colágeno al movimiento. El futuro es de ellos.

Mala foto. El poeta Víctor “Tito” Joel, declama su poema seleccionando para la Antología “Ohuira: el mar que nuestros sueños levanta” de Nódulos Ediciones, lo acompaña Mario Astorga en la guitarra.

En la zona VIP del Campamento. Melina dialoga con Elmara y Doris. “El Gera”, Chicote Mayor, vigila atento. El Chicotero, en la tradición Yoreme, forma parte de la estructura de mando. “El Gera”, es además un excelente bailador.

Claudia, Melina y Ulises. En un emotivo recuento de los Cien Días del Campamento de la Resistencia y Dignidad. La dirigencia del Movimiento ha tenido la capacidad de mantener la unidad de la lucha, con el objetivo central: defender la Bahía de Ohuira. Ellos nos representan.

Un Biólogo desperdigado. Roberto Castro, un viejo egresado de la FACIMAR que conserva intacto su espíritu de lucha de aquellos viejos Biólogos, ha acompañado el Movimiento en defensa de la Bahía de Ohuira. Roberto trabajó en las granjas camaronícolas del sur de Sinaloa, ahora se dedica a fabricar jabones. Es un experto en la saponificación y medio Fiósofo. Nos dio gusto re-encontrarnos.

El domingo en la mañana, en el comedero de Marbella, ahí en Topo, nos encontramos con Marielos Cervantes, que recién organizó el Conversatorio: “Academia y ciencia por la defensa de Ohuira”. Es una mujer torbellino: docente, investigadora del campo de la Sostenibilidad en la UAdeO, ambientalista, feminista, escritora. Nos mantuvo hechizados con su rollo y al final terminó vendiéndonos su poemario “A corazón abierto”. Les pongo dos versos.

“Gobernar no es negocio ni trinchera.

Es sembrar futuro en tierra sincera”.

En la foto, Marielos al fondo de sombrero, junto a Bárbara, nuestra Ministra de Finanzas.

Lunes en la madrugada. Nubarrones sobre Albert Kinsey Owen, el de la Utopía socialista en Topolobampo. Con Su dedo índice dice: ¡Aquí No!.

La Brigada Aquí No- Mazatlán, siempre lleva algo para la Alacena del Campamento, esta vez con donaciones de Lectores de la Cuartilla: el Camarada Alonso ( El Tanque, para la raza de RP), el estimado Dr. Julio César Ponce de León y su Esposa Reyna, siempre solidarios; la Maestra Tere, hermana del célebre padre Gustavo “El Cura del Morral”, protector de indígenas y migrantes en Puebla; la querida Prima Julia; el Biólogo Briones; la Dra. Sofía “La Negra” de la Isla del Bosque; Germán “El Socoyote” Lugo…En la foto, Don Juan (el jefe de la Bodega) y Doña Nidia, reciben los víveres.

El lunes, pasamos a despedirnos al campamento. Nos invitaron a desayunar. La Dra Laura organizó la pelada y picada de papas, junto con Bárbara y Rosario.

En el desayuno, Andrés “El Buzo”, sentado en medio de Bárbara y Tito, con la enjundia y el corazón de sal del hombre de mar, narró sus aventuras en la captura profunda de sus presas y no fantaseaba, mostraba las fotos. Bárbara aprendió de meros, robalos, pargos y coconacos. Don Juan envía un saludo a todos los lectores de la Cuartilla.

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Gildardo Izaguirre Gildardo Izaguirre

LAS COSAS DE MINERVA

La Arquitecta Minerva Osuna es todavía Alcaldesa Interina de Mazatlán; la otra señora, la presidenta municipal constitucional, sigue en modo “licencia” después de salir a plazear por este nuestro territorio herido, no para quedar como Coordinadora de la Defensa de la 4T y la Soberanía en Sinaloa (¿Se animarán a defender la Bahía de Ohuira?), sino posicionarse para la reelección o una diputación local.

Minerva es Profesora de Asignatura en las Facultades de Arquitectura e Ingeniería de la UAS, tiene una Maestría en Desarrollo Urbano por la Universidad de Durango y su Doctorado en proceso.

Y uno se pregunta ¿ Por qué con esas credenciales académicas muestra tanta torpeza comunicativa?. No creo que a ella se le pueda aplicar ese dicho ofensivo de “Lo que natura non da, Salamanca (o la UAS) non presta”. Talento debe tener, por algo es la Alcaldesa Interina; quizá sea un problema neurolingüístico, no ha desarrollado la habilidad de conectar la lengua con las neuronas en las respuestas rápidas y así le ha ido con las preguntas emponzoñadas de la prensa.

Por ejemplo, ahora que la cuestionan sobre el atentado al Director de Protección Civil de Mazatlán, con toda frescura responde: “Son cosas que pasan”.

El sustantivo “Cosa” es la palabra más ambigua de nuestro idioma: “Dame esa cosa”; “Que cosas dices”, “Se rasca la cosa”…

Para nuestra Alcaldesa Interina, los 73 homicidios de agosto y los cinco que van de septiembre, junto con los desaparecidos “son cosas que suceden”; no son seres humanos con biografía, querencia y apegos; el atentado al funcionario municipal que según se encarga de proteger a la ciudadanía, fue algo normal, “Cosas que pasan” en el Puerto.

Ojalá tuviera la picardía tautológica del ex-Alcalde culichi Estrada Ferreira: “Vete por donde no hay baches, para que veas que no hay baches”. Es decir, un bache es un bache; como una rosa es una rosa. Cuando menos hacía reír.

Las cosas de Minerva.

Minerva, Alcaldesa Interina de Mazatlán, los asesinatos, desaparecidos y atentados, como el del Director de Protección Civil “Son cosas que pasan”. Así dicho, clarito “Blanco y en botella”. Moisés Ríos, el “Secretario de las Gafas Negras”, atento a cualquier dislate.

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Gildardo Izaguirre Gildardo Izaguirre

ERÉNDIRA Y LAS TORTUGAS

La Bióloga Eréndira González Diego recién se ha jubilado después de una intensa relación de 28 años con las tortugas marinas. Fue en 1998 que llegó a las Playas del Ejido Barrón, en Mazatlán, contratada para levantar un campamento de protección a la Tortuga Marina; un trabajo que pintaba para ser temporal, pero que se convirtió en pasión vital.

La imantó el pedigrí genético de 110 millones de años de la Tortuga Marina, que junto con el Cocodrilo y el Cangrejo Herradura (ese de sangre azul y que lleva uno de los nombres científicos más sonoro y aristocrático: Limulus poliphemus), sobrevivieron al cataclismo del meteorito que cargó con los dinosaurios.

También Eréndira sobrevivió a otro cataclismo: una tarde, después de una agotadora jornada en el campamento, al pasar en su carro por el cruce de vía de la zona, fue embestida por el tren de carga, la arrolló varios metros y no sufrió ni siquiera un raspón. Algún sexto poder de sobrevivencia le transmitieron sus amadas tortugas.

Eréndira es de la estirpe de mujeres Biólogas que se apasionan de la especie que trabajan, tenemos muchas: Anita Hoffman de los Ácaros; Helia Bravo de los Cactus; María Elena Caso de los erizos y estrellas de mar, etc.

No es poca cosa, 28 años recorriendo la playa, en un principio armada de un palo, libreta, cinta métrica y un lápiz; con eso y su coraje se enfrentaría a los saqueadores nocturnos de huevos, protegería la nidada y consolidaría un santuario para las tortugas que anidan en esa playa.

¿Cuántas crías salvó?. Miles, pero de los miles que entran al mar, pocas sobreviven. Esas son las hijas de la Bióloga Eréndira.

En honor y reconocimiento a ese más de un cuarto de siglo dedicada a cuidar amorosamente a este emblemático reptil (que debería ser el animal totémico de la humanidad; en vez del Dinosaurio), la Bióloga Andrea Colio Alatorre escribió un extenso relato, con hermoso y poético título: “La Guardiana de los nidos: Mujer de Arena y Coraje”. Una metáfora exacta, a la medida de nuestra querida Bióloga Eréndira.

Andrea es una destacada Bióloga que en 2018 culminó su estudio de Maestría, investigando con herramientas genéticas el apareamiento de la tortuga golfina en el sur de Sinaloa; cometiendo indiscreción científica, ya que mediante marcadores moleculares, mostró, entre otras cosas, que en una sola nidada, de una sola hembra, habían participado 7 machos; es decir, nuestra hembra golfina tuvo amores múltiples, es felizmente poliándrica.

En su relato, compara a la Bióloga Eréndira con Dian Fossey, la mujer que escribió “Gorilas en la Niebla” donde narra los 18 años que convivió con gorilas de montaña y logró comprender su comportamiento. Dice que Eréndira es la “Dian Fossey mazatleca”.

Ojalá lo ponga en línea para compartirlo, también que le agregue memoria fotográfica y proyecte una futura edición en papel.

Eréndira y las Tortugas: mujer de arena y coraje.

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Aviso de Ohuira. Este sábado 5 de septiembre viajaremos al Campamento de la Resistencia en defensa de la Bahía de Ohuira; los compañeros necesitan alimentos enlatados, aceite, harina, azúcar, leche en polvo. Si te late hacer un paquete sencillo de 3 ó 4 artículos, me avisas y paso por ellos; pero si prefieres puedes transferir su equivalente a mi Tarjeta BANCOMER

Titular: Gildardo Izaguirre Fierro

# 4152 3144 9631 7713.

Débito.

Hay que ayudarles a resistir, defienden un Ecosistema de gran biodiversidad y también la vida y cultura de las comunidades Yoremes que ocupan ese territorio desde hace más de 2 mil años, Son descendientes de los primeros seres humanos que hace 14 mil años entraron a América por el Estrecho de Bering. Destruir ecosistemas y comunidades humanas no es progreso, es retroceso.

La portada del texto: “La Guardiana de los nidos: Mujer de Arena y Coraje”. De Andrea Colio Alatorre.

Tres Biólogas que dedicaron su vida al estudio de un solo grupo de organismos: Ma Elena Caso (Estrellas de Mar y erizos), Helia Bravo, los Cactus y Anita Hoffman a los Ácaros.

Un aviso de las tortugas marinas contra los saqueadores de huevos.

Dibujo de la niña Aimara Espinoza. La Garza heroína que salva a todas los aves, peces y delfines de la fatal y letal planta de amoniaco en la Bahía de Ohuira.

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