ELEFANTE EN LA PLAYA
Costeando por las aguas de Nayarit, se observó un joven elefante marino macho, primero por San Blas y después en la playa de Los Ayala, municipio de Compostela., en San Blas olió el Pan de Plátano del Johnny y de lejos divisó al Biólogo Blasillo Bocardo, el mejor Surfo de la comarca y siguió a las playas de Compostela; ahí decidió, el martes temprano, salir a sestear y tomar el sol, para asombro de los mamíferos bípedos playeros. No es raro que machos jóvenes de Elefantes Marinos bajen hasta las aguas de Nayarit, sobretodo en los meses fríos; su colonia reproductiva está en la Isla Guadalupe, mucho más al norte, donde el Biólogo Pablo Gallo, uno de los que más saben de los Mamíferos Marinos, contó 14 mil ejemplares.
En total, los Biólogos calculan que hay 130 mil elefantes marinos, el 25% en aguas mexicanas, unos 35 mil repartidos en las diferentes islas. Por lo que la recuperación de la población ha sido exitosa, ya que estuvo a punto de la extinción. El que salió a descansar a las playas de Compostela ya recorrió 4 mil km desde el Golfo de Alsaka a la Isla de Guadalupe, a 240 km de la Pemínsula de Baja California. Vino a probar suerte junto con los machos adultos y las hembras a la zona de reproducción. Así como lo ve de gigantón, con una tonelada de músculo y grasa, no le va de maravilla, cuando llegan en enero a la Isla de Guadalupe, primero tiene que sortear una barrera de tiburones blancos que vigilan su llegada para devorarlos, es uno de sus platillos favoritos, ricos en grasa; para burlarlos, como son excelentes buceadores, se sumergen a lo más profundo (pueden llegar a los 1500 m de profundidad), se pegan a las paredes de la isla y buscan protección en los cañones y rocas; así muchos se salvan. Cuando el Tiburón los descubre ataca primero las aletas posteriores y ya se fregaron, son las que le sirven para la propulsión, nada más les queda flotar y ser consumidos vorazmente por los tiburones.
Ya en la playa de la Isla, el macho alfa de 4 toneladas, forma su harén con hembras de tres tipos: las viejas matronas, las poco experimentadas y las primerizas; el macho joven puede ser admitido como ayudante para mantener a raya a los adolescentes que molestan a las primerizas y de vez en cuando darle chance que monte una y disfrute del amor. El jolgorio dura 80 días, enero, febrero y casi todo marzo; el macho termina “chupado” casi en huesos, porque durante ese tiempo no come y la grasa la gasta en peleas con otros machos, en cortejar a las hembras y en producir esperma para todo el harén. Cumplido el compromiso, hace un retiro espiritual de dos semanas y migra al Golfo de Alaska a comer calamares (su plato preferido), pulpos, cangrejos., tiburones; recupera fuerzas y vuelve por allá en los meses de junio-julio a la misma isla a cambiar de pelaje, pasa un mes y de nuevo para el norte, donde se alimentan y carga de grasa para volver de nuevo en enero. Así por los siglos de los siglos.
Nuestro elefante marino chavalón de las playas de Compostela, anda en sus primeras andanzas migratorias, quizá no fue admitido como ayudante en ningún harén y salió a buscar aventuras, siguiendo una corrida de calamares; en la fotos y videos se ve muy sano y vigoroso, en un video se ve como se echa arena en el lomo, es para refrescarse, ya que la arena refleja los rayos del sol, esto junto con el maravilloso sistema de termoregulación, mantiene su metabolismo estable. En este proceso la trompa tiene una función vital, Darwin no se la puso “dioquis”, como no suda, para mantener la temperatura corporal, exhala vaho, vapor de agua, que lo atrapa con los pliegues de la trompa, el vapor se condensa y pasa a la garganta donde se lo traga. Un excelente reciclaje.
Finalmente, el cronista Fernando Jordán, el Biógrafo del Golfo de California, en uno de sus viajes, en los años 50 cuando las poblaciones de elefantes estaban diezmadas, observó un ejemplar reposando en unas piedras y escribió que el nombre científico de la especie correspondia con su “Rostro de Angustia” por la despiadada cacería sobre ellos, el nombre científico es Mirounga angustirostris (claro que no es por la “angustia”, sino por su rostro angosto).
Suerte para nuestro elefante marino de Compostela; ojalá se dé una vuelta por las playas de Mazatlán. Un Elefante en la playa.

