OHUIRA RESISTE Y LUCHA

El miércoles 3 de junio, a las 5 de la tarde, con un sol amansado, pero con una sensación térmica “suda hormonas”, nos arrejuntamos en la explanada de las Letras del Valentino, nuestro Micro-Zócalo porteño.

El objetivo era una solo: hacer comunión en defensa de las Bahías de Ohuira y Topolobampo, amenazadas por una Fábrica de Amoniaco.

La Convocatoria la hizo un Colectivo de Académicos, expertos en el Manejo de la Zona Costera y que saben de los riesgos de la industria química de sustancias tóxicas en esos ecosistemas.

La convocatoria fue arropada por diversas agrupaciones de feministas y ambientalistas del Puerto de Mazatlán y contra todos los pronósticos calurosos, se reunió una entusiasta asamblea, un contingente numeroso, más de 300 manifestantes, informados del grave problema que significa la Fábrica de Amoniaco para la vida de las Bahías de Ohuira y Topolobampo.

Nada más les pongo un ejemplo, un solo reactor necesario para la síntesis de amoniaco, trabaja a 500 grados Celsius (pega un nitrógeno con tres hidrógenos), para enfriar el equipo se usará el agua de la Bahía, miles de millones de litros por minuto; esto por un solo reactor.

Al succionar el agua se llevarán también el fitoplancton, zooplancton y millones de larvas de peces, camarones, moluscos, cangrejos, etc. Todas morirán sin remedio; ahora, después de enfriar el sistema, el agua recalentada, será desechada a la Bahía y por supuesto que cambiará las condiciones ambientales tanto de temperatura, Ph, Oxígeno, etc. y en este tipo de ecosistemas, los organismos viven en un intervalo muy reducido de tolerancia ambiental, de tal modo que un ligero incremento o decremento en una o más variable es letal; pero ojo, esto no ocurrirá de golpe, será gradual, hasta que truene la catástrofe y se declare a la Bahía como “Ecológicamente Muerta”.

Este concepto de muerte, precisamente se le aplicó al Río Rin, que fluye por Suiza, Austria, Alemania, Francia y Países Bajos. En 1986, se incendió la bodega de una Fábrica de Plaguicidas, construida en las orillas del Río, se derramaron 1300 toneladas de plaguicidas y mercurio. Se le llamó “El Accidente Sandoz”, mató todo lo vivo en un tramo de 400 km, por lo que fue declarado “Ecológicamente Muerto”, pasaron 13 años para rehabilitarlo. Desde entonces ninguna fábrica de tóxicos se autoriza en esos países, por eso se van a Sudáfrica y Sinaloa. La fábrica de Amoniaco es de capital alemán y suizo.

Ese es el futuro de la Bahía de Ohuira: su muerte ecológica, en tres, cuatro, cinco años; depende del aguante del ecosistema.

De eso habló Jaime Renán, voz autorizada en el tema, creador de la Licenciatura en Gestión de la Zona Costera en la Facultad de Ciencias del Mar; además Topeño de origen. Él conoce cada recoveco, cada recodo de los esteros de las dos Bahías: si se permite la Fábrica de Amoniaco; Ohuira muere. Si el búho del Amoniaco canta, el Indio muere.

También resonaron las voces jóvenes y rebeldes de Elmara del Colectivo Mazatlán Consciente, excelente organizadora (ella lideró el movimiento contra el proyecto de iluminar la Isla de Venados, en 2018); También Frida, de la Colectiva “Perlas del Pacífico”. Llamaron a organizarse, defender la naturaleza y la vida.

En micrófono abierto, hablaron dos hermosas señoras, Topeñas, como Jaime. Una de ellas nos enchinó el cuero: “Yo viví y crecí viendo por las noches las hermosas luces de los pescadores de Ohuira”. Nos convocó a defenderla con el alma y corazón. “Aquello está lleno de vida; Ohuira y Topolobampo no se merecen esto”. Fue un arrebato de emoción; del amor profundo por el territorio.

Fue un buen miércoles de protesta, que nos obliga a reflexionar sobre la necesidad de construir una sólida organización de fuerza popular. Ohuira: Resiste y Lucha.

Está mujer nos erizó el cuero. Es Topeña profunda: “Yo vi y crecí viendo por la noche las hermosas luces de los pescadores de Ohuira, aquello está lleno de vida. Ni Topo ni Ohuira se merecen lo que están haciendo. Hay que defenderlo con el al alma y corazón”. Habló desde el amor al territorio. Nos sentimos identificados. Ella nos representa.

En el diseño de la manta participaron niñas y niños. Hubo mucho entusiasmo.

Una parte del contingente movilizado. Fue una respuesta inusitada. Ni el sofoco ni el calentamiento, detienen el movimiento.

Nuestras queridas zanqueras, siempre nos acompañan en las luchas callejeras. Son las Adelitas más largas de la historia.

Cientos de jóvenes acudieron con sus pancartas. Ohuira renacerá más fuerte.

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LA CARTA QUE NO QUIERO ESCRIBIR por Karlos Gámez