MUJERES EN PROTESTA
Empezaron a llegar desde las tres de la tarde. Las muchachas se saludaban desde lejos; se abrazaban y reían. “Las mujeres de blanco”, en la glorieta del Venadito, preparan su ceremonia, encienden los pebeteros, suena el llamado espiral del caracol, convocan a los ancestros, es un aliento de resistencia. Las Guacamayas del Acuario usurpado alborotan, gritan al viento el encierro de su descontento.
Una muchacha de negro, con bocina en mano, organiza los bloques del contingente; tres patrullas de tránsito muncipal y una brigada de mujeres policías resguardan el evento. Las mujeres de Blanco, envueltas en nubes de incienso, se colocan al frente, cantan algo de “son poderosas, bajan de la montaña entre rosas”; después el grueso contingente de Madres Buscadoras y así sigue el río humano de rebeldía de las colectivas que se convocan cada año el 8 de marzo para refrescar la memoria de su resistencia y lucha contra un sistema patriarcal y machista. A las cuatro de la tarde comienza la marcha.
Llegan a la meta las 5:45, justo cuando la Catedral de la Inmaculada tañe la campana izquierda. Adentro celebran la misa del tercer domingo de cuaresma, entré y escuché la lectura del Evangelio, cuando Jesús llegó al pozo de Jacob y le pide agua a la mujer samaritana. El reloj inmaculado marca una hora congelada. las 4:45. Los boleros de la Plazuela ya cerraron sus negocios, no hay parvadas de pichones (“ratas con alas”, les decía nuestro recordado Ricardo Urquijo); el Palacio Municipal con el lema de campaña “Amamos Mazatlán”, el mismo que se repite en las alturas del Faro, quizá lo aman como el carnicero ama al cordero, la vaca y el cerdo.
Comienza el mitin, el pase de lista de las hermanas caídas, las asesinadas y desaparecidas en esta comarca sufrida y violenta; pero que es una herida fresca y sangrante en toda la patria; en todo el mundo y que las feministas denuncian y escriben en el papel del viento: "Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía" y acusan al Estado con el rotundo "El violador eres tú". Grupos de muchachas tiñen de rojo los muros del Palacio, ya lo habían hecho antes en las paredes del Poder Judicial; también se hizo en la fachada del Palacio Muncipal de Culiacán, donde despacha un “Bulto” que se dice alcalde.
El 8 de marzo es una prueba que demuestra la capacidad de protesta de las mujeres; su rebeldía y descontento; pronto, más temprano que tarde, esa energía se volcará en trabajo organizativo. En Mazatlán hay miles de mujeres que trabajan en tiendas, farmacias, empacadoras de camaron, de atún, son empleadas domesticas o profesoras en colegios particulares y en todos los casos no tienen una organización que defienda sus derechos laborales, nunca firman un contrato colectivo de trabajo, no hay reparto de utilidades, no vacaciones, no cotizan para su pensión en el IMSS, etc, etc. La organización de las mujeres en Sindicatos, Cooperativas, Cajas de Ahorro, es de urgente y obvia resolución, como dicen los Diputados. Sea.
“Las mujeres de Blanco”, preparan la ceremonia. Del caracol sale el canto profundo de resistencia y lucha. Cantan y encienden sus pebeteros.
Las Madres buscadoras despliegan sus banderas de lucha. Desde ahí, sus hijas, hijos, nos miran como buscándose. Desaparecieron en una curva del odio y desamor.
Una muchacha levanta su protesta, dice que ella es libre y sin miedo.
La marcha llega a su meta, caminaron casi dos horas.
La multitud en asamblea pública.

