LA BALLENA DE PIAXTLA
El hombre mira impávido los esfuerzos de la ballena; lucha por volver a las aguas profundas. Llegó el martes 10 de marzo por la mañana a una zona rocosa de la Costa de Piaxtla, cerca de la boca de un estero. Es un rorcual tropical, que los marinos le llaman “ballena sardinera” porque se atraganta con enormes bocados de sardinas, también de anchovetas y no le hace el asco a las langostillas y cangrejos rojos. El hombre no puede hacer nada, la ballena se golpea contra las rocas filosas, ondea la aleta caudal, agoniza.
Quizá llegó a celebrar la cancelación del proyecto Gasero que SEMPRA California, junto con CFE-México, pretendía construir en Topolobampo y Ohuira; se extravió y vino a dar a las Barras de Piaxtla. Por las fotos, debe de medir poco más de 10 metros y el cuerpo ya difunto presenta las tres crestas, que van del rostro a los orificios nasales, caraterísticas de esta especie (Balaenoptera edeni en el trabalenguas de los Biólogos). No acostumbra navegar en pandilla, prefiere nadar en solitario.
Hay un raro grupo de Biólogos que estudian los ruidos, los gorgojeos, los cantos profundos que vienen del mar; son los expertos en acústica marina y ya tienen bien clasificados los diferentes tipos de sonidos: el tamborileo de las vejigas natatorias, los clicks del camarón pistola, los chillidos, chasquidos de los delfines y los cantos vocalizados de las ballenas, que tienen tal agudeza auditiva que escuchan sus notas a 100 km de distancia.
Y de acuerdo con esos espías sonideros, dentro del repertorio de sonidos de las aguas profundas del Golfo de California, tienen identificado uno, el “Be4”, la “rola” más común que registran sus hidrófonos y la cual se atribuyen a estas ballenas sardineras; aseguran también que hay ligeras diferencias en la tonada de los registros, entre las ballenas del norte y del sur del Golfo, por lo cual se púede tratar de dos diferentes poblaciones de cetáceos (alopátricas dicen los Biólogos), o bien puede ser modificaciones de las vocalizaciones causadas por el ruido ambiental que interfiere en su comunicación, lo que los Biólogos Acústicos nombran como Efecto Lombard: la propia ballena hace arreglos en su vocalización para superar el ruido natural o antropogénico del medio marino, como lo es el tráfico naval, las plataformas petroleras, etc.
Según los Biólogos balleneros, hay dos poblaciones de esta especie, una que es residente (la evidencia es la presencia y frecuencia de ballenatos) y la otra se mueve aguas adentro en busca de recursos alimenticios. Nuestra ballena de Piaxtla seguro era de las residentes, se vino costeando, siguiendo una cardumen de sardina o anchoveta o quizá recibió algún misterioso llamado con las misma frecuencia de su canto “Be4” y eso le costo la vida. No hay que olvidar la agudeza auditiva de las ballenas y que sus cantos vocalizados son su forma de comunicarse, de ahí la oposición activa al Proyecto Saguaro, una empresa gringa pretende construir una terminal de gas metano licuado en la costa de Sonora que sería transportado en enormes buques metaneros, creando un intenso tráfico por el Golfo de California, causando una terrible contaminación acústica que enloquecería a nuestras ballenas, además de los riesgos de choques mortales.
Réquiem por nuestra ballena de Piaxtla.
El hombre se golpea la frente; la ballena se afana, intenta salir de la trampa mortal; el filo de las rocas la hieren; aletea, aletea. No puede salir. Muere.
Las tres crestas características del Rorcyal Tropical o “Ballena Sardinera”, engulle, traga, enormes bocados de sardinas y anchovetas.
La Balkena Sardinera y sus tres crestas que van del rostro a los orificios nasales.
El equipo flotante para registrar el canto de la ballena. Es un hidrófono con GPS para ubicar su posición.
Se usa una ballesta cuya flecha tiene una punta de 2 cm largo y medio cm de diámetro para tomar muestra de tejido y hacer análisis histológicos y genéticos.
Primera demanda a nombre de la ballenas para defender sus derechos y el hábitat en el Golfo de California.

