MIGRANTES…MIGRANTES
Pepe Mujica, “El Quijote en disfraz de Sancho”, como lo definía el Antropólogo Daniel Vidart o “El Viejo Sabio del Sur”, según la Dilma de Brasil; asumía que el ser humano es migrante de siempre, decía que habíamos salido teñidos de negro de las cavernas y hondonadas de África para conquistar el mundo “Y lo hicimos como humanidad”. Recalcaba, para hacer notar el evidente egoísmo que mostramos ante los migrantes que invaden las grandes metrópolis.
Los migrantes son como las abejas; se mueven de lo oscuro hacia donde centellea la luz; lo oscuro es el hambre, la violencia; la luz es la esperanza de alimento, trabajo, paz.
Aunque muchas veces esa luz es engañosa y lleva a la muerte, como en el experimento de la mosca y la abeja (coloca a los dos insectos volátiles en una botella sin tapa, pon un foco encendido debajo del fondo y observa: la mosca en su vuelo caótico, atina escapar; en cambio la abeja, se da topes con el fondo de la botella hasta que muere. Trae tatuado que en la luz está la salida).
Por eso hay que ayudar a que encuentren la luz de la esperanza; apoyarlos en su trayecto con una comida caliente, un billete, una moneda sonante, unas palabras de aliento, todo junto, nos hace compartir esa humanidad de la que hablaba Don Pepe Mujica.
Los pueblos, todos los pueblos del mundo, no son mera Biología, genes y cromosomas apareándose; son sobre todo realidad cultural, historia y memoria que hemos construido como humanidad; quizá el evangelio es más claro en esto: “Tuve hambre y me diste de comer; tuve sed y me diste de beber; era extranjero (hondureño, haitiano, salvadoreño…) y me acogiste”. Fin.
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NOTA DE DUELO. Hoy domingo despediremos el cuerpo de Brenda; su espíritu, su alegría se queda con nosotros.
Andrea y su hija Aurora. Nos mira con sus ojos redondos y de asombro. ¿Llegarán vivas a su destino?
Frente amplia, despejada; mirada serena: “Soy de honduras y voy al norte”. Nos dice Andrea.
En playa Pinitos, con Brenda, El Mano y El Monky.
Brenda entrando al cielo, según Frida.

