EL SOBADOR DE LOS MILAGROS

Se llama César y le dicen “El Manotas”. Es su segunda venida al reino de la plazuela República, en Mazatlán, en la primera lo corrió un bolero. Cayó como un Ángel de sanación, con sus manotas bendecidas cura ciáticas, lumbagias, nervios entumidos, músculos atrofiados, dolores en donde le duela y males neurodegenerativos. En verdad es un milagro. Feo es el desgraciado, cabeza de motor fuera de borda y cara larga de caballo; pero sus manos son suaves y cura como el Santo Niño Anacleto.

Yo viví en un pueblo nombrado La Despensa, pasando el canal de riego principal, rumbo a Higuera de Zaragoza, estaba el Centro de Sanación más grande del Norte de Sinaloa, la atendía una santa mujer que le llamaban “La Hermana”, tenía a su servicio un enorme contingente de médicos que acudían en espíritu, según la especialidad requerida.

Uno de sus ayudantes pasaba a una techumbre donde habia decenas de pacientes, algunos venían de muy lejos, otros llevaban días esperando ser atendidos, y ordenaba: ¡Los enfermos de Alferecía, pasen a la sala, guarden silencio, La Hermana convocará el espíritu del médico especialista! Y así todo el día de consulta, turnándose los enfremos del riñón, del intestino, de espanto y mal de ojo; la gente compraba las botellitas de remedios y adios. Aunque no lo crea, había gente que se curaba… otros, los más, se morían. Esto no era nada nuevo, nos venía desde la antigua Grecia, los centros de sanación se ubicaban en los templos de Asclepio, el Dios de la Medicina, los pacientes dormían una noche en el santuario, algo les daban los sacerdotes que los mantenían como alucinados, entonces, el Dios en persona bajaba del cielo, los consultaba, platicaba con ellos, los tocaba y recetaba los remedios.

Curas milagrosas siempre han existido, Alvaro Cunqueiro, en su libro “Tertulia De Boticas Prodigiosas Y Escuela De Curanderos”, hace un recuento de muchas de esas sanaciones, por ejemplo, hubo una especialidad médica, creo que en Abisinia (hoy Etiopía, en África), que curaba operando la sombra del paciente, ya se imaginará los resultados. Así que la Segunda llegada del “Sobador Milagroso”, no es nada nuevo. Si usted quiere sentir el tacto divino de las manotas bendecidas del Sobador de los Milagros, tiene que hacer cita, hacer cola y pagar 300 pesos. Tiene dos sitios de sanación, las Plazuelas República y Machado, pero ya anunció que en febrero tendrá un local fijo.

Bueno sería mandarlo a la Casa Blanca para que le cure las neuronas atrofiadas al Presidente Trump.

Usted sabe si se anima a la “Sobaestafa”. Igual y si siente alivio.

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NOTA LITERARIA. Álvaro Cunqueiro (1911-1981) fue un periodista y escritor Gallego. Escribió en las dos lenguas, en Gallego y Español, para crear un mundo rico en fantasía y magia literaria. Tiene legión de lectores y admiradores; Gabriel García Márquez, decía que Álvaro, más que él, merecía el Premio Nobel de Literatura.

Feo es el condenado, cabeza de motor Yamaha, cara larga de caballo. Se llama César, le dicen “El Manotas”. Es el Sobador de los Milagros.

Endereza tobillos, espinazos; dedos engarrotados. Le quita el dolor de espalda y también 300 pesos.

Se requiere hacer cita y también cola. Atiende en las dos plazuelas: República y Machado.

El libro de Álvaro Cunqueiro sobre curaciones y curanderos. Su padre fue boticario.

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