DE CHINAMPAS Y MILPAS
Haga un esfuerzo, imagínese un día cualquiera en la vida cotidiana de los mejicas en el Caserío que bordeaba el Lago de Texcoco, antes de la conquista. Al alba, el alboroto pajarero de las miles de aves del lago y el “tam-tam,” del tambor que percutía el sacerdote desde lo alto de la piramide, despertaba a mujeres y hombres. Doblaban los petates. Las mujeres a moler el nixtamal, quizá amasarla con un poco de polvo de “Tecuitlatl” (espirulina seca, muy nutritiva) y los hombre a preparar sus arreos para la labor del campo, unos, alistaban sus canoas si les asignaron el trabajo en las Chinampas y otros para tierra adentro a trabajar las Milpas.
Al atardecer, el vuelo de las aves rumbo a los frondosos bosques de Oyameles, Encinos y Pinos; junto con el tamborileo del Sacerdote, les indicaba la hora de volver y cenar, podían regresar cargados de quelites, amaranto, pencas de miel, racimos de huevecillos de la chinche acuática (caviar de los aztecas, 80% proteína), peces, ajolotes, etc. Comida había, los cronistas no mencionan indios famélicos.
La soberanía alimentaria de los aztecas dependía fundamentalmente de esos dos inventos agroecológicos: la Chinampa y la Milpa. Claro, era un imperio militar y exigía tributos a los pueblos dominados, a los Huastecos le exigían las hermosas telas tejidas de algodón, a lo Totonacas, la Vainilla para aromatizar el chocolate, etcétera. La Chinampa era, es todavía, una parcela construida con el propio lodo fértil del lago, se le hacían bordos donde se plantaban sauces para que con sus raíces retuvieran el suelo, ahi sembraban maíz, amaranto, frijol, chile, calabaza… Cosechaban tres veces al año.
La Milpa se establecía tierra dentro y consistía en un policultivo ingenioso: la caña del maíz le proporcionaba sustrato, agarradera a la guía del frijol, este fijaba el nitrogeno necesario para que creciera el maíz; la calabaza, con sus enormes hojas, retenía la humedad, y el chile, el chile produce sustancias repelentes contra las plagas. Pura sabiduría de los saberes locales. Todavía más, por las orillas de la milpa crecen los quelites, ricos en vitaminas y minerales. Todo eso lo está matando Monsanto y el glifosfato, y además nos regala células cancerígenas.
Dirán que los Aztecas eran un imperio que sojuzgaba a otros pueblos, les exigía tributos y sacrificaba prisioneros. Christian Duverger, en “La flor letal. Economía del sacrificio azteca”, apunta que el ritual del sacrificio servía para tres cosas: (1) legitimar el poder de los dirigentes; (2) exaltar y mantener el espíritu militarista y (3) preservar el imperio. Nada para correr, que no hubiésemos vistos en las incruentas dos guerras mundiales, o en el genocidio contra el pueblo palestino.
Eso de las Chinampas se me vino a la mente, porque al inicio de la conquista, fueron destruidas por la “civilización” europea y así le fue al pueblo sojuzgado.
Algo similar ocurre con la oligarquía local del Puerto, quienes son en verdad los que imponen sus criterios de “Conquistadores marismeños”para el desarrollo urbano de Mazatlán y se molestan y amenazan si alguien se atreve a cuestionarlos, por eso la amenaza contra la periodista ambiental Sheila Arias. Hay que estar al pendiente y atentos con el caso.
“la Ecología del Paisaje, señores de las inmobiliarias, no es botín para el pillaje. Adelante compañera Sheila Arias”.
En defensa de Sheila. Todos al plantón el martes 3 de febrero a las 10 de la mañana en la Fiscalía Mazatlán.

