ALONSO: TRES GOLPES DE SANGRE TUVO Y SE MURIÓ DE PERFIL

El Profesor Rioseco; el Amigo “River”, Guardián de la Bahía, me apura: “No has escrito la Cuartilla para Alonso”, Y en efecto, lento he sido, quizá por la sorpresa de su muerte repentina, fulminante. “Murió en su casa, un infarto”. Eso dijeron. Apenas en la semana lo divisé en el Centro y a la usanza porteña le pegué el grito.

—¡¿Sigues en Cultura!?. Le pregunté, por los cambios en la dependencia: un profesional del negocio de la cultura, amante de la ópera, por un “filósofo” de la superación personal, entrenador de líderes.

—¡Si, hay me tienen arrumbado!. Contestó de buen talante.

Alonso, desde hace tiempo había dejado de ser “Guerrita”, como le nombraban los amigos de su padre, el Profe Ramón Guerra, y construyó su propia identidad, por supuesto, con la impronta, la marca de la rebeldía heredada, era un personaje activo de la cultura porteña, también un buen profesor de historia. En octubre ¿ o fue en Noviembre? del reciente año, coincidimos en una manifestación de protesta contra el genocidio en Palestina; ahí en la explanada de “las Letras” del Valentino, nuestro zócalo de las luchas populares, hicimos patente que la raza de maza, estaba con Gaza.

Al terminar el acto nos acompañamos rumbo al estacionamiento de Soriana, le presente a mi hija Frida y también a Ana, joven Socióloga egresada de la Universidad Católica de Chile.

—”A tu hija quien no la conoce, todos los activistas estamos marcados, se nos nota”. Dijo y de inmediato armó platique con las muchachas. Ana le comentó su interés por investigar algo de los panteones y el encantado se puso a sus órdenes para servirle de Virgilio y conducirla por los meandros del más allá, empezarían por el Panteón Ángela Peralta. No supe si se concretó el asunto; pero era evidente su empatía y ánimo de ayudar a la plebada.

Su muerte nos agarró de sorpresa; uno espera que nosotros, los viejos, dejemos “el lugar a otros como otros no lo cedieron”, según decía Montaigne.

Descanse en paz Alonso Guerra. “La Cuartilla” se pone de luto.

Alonso Guerra García. Descanse en paz.

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UN CRIMEN EPISTEMOLÓGICO