SAN QUINTÍN: INSURRECCIÓN APAGADA
Hace 10 años, El Valle de San Quintín, en 2015, preciso, la madrugada del 17 de marzo, desde Punta Colonet hasta Vicente Guerrero, se convirtió en una zona de guerra, 70 mil jornaleros, hombres y mujeres, que con sus manos prietas de morenos, recogen la fresa, las moras, arándanos, tomates, pepinos, se levantaron en insurrección: armados de palos, machetes y piedras, muchos con pasamontañas, hicieron barricadas y bloquearon la carretera transpeninsular que une a las dos Bajas California.
¿Qué pedían?: 300 pesos de salario mínimo (era de 80 pesos) afiliación al IMSS, pago de horas extras, días festivos; alto al acoso sexual a las jornaleras, y si trabajaban a destajo, que les pagarán: Treinta pesos por la caja de fresa, 17 por la jarra de moras, 8 pesos el bote de tomate, 15 el bote de chile y a 5 pesos la libra de chícharos. Les pagaban 2.20 la libra de fresa, el bote de tomate 50 centavos, la jarra de mora 6 pesos.
El núcleo básico del movimiento erán el Profe Fermín Salazar, Juan Hernández y Bonifacio Martínez, despues se les unieron Fidel Sánchez, Lucila Hernández y Justino Herrera; formaron una Alianza de Jornaleros que coordinó la lucha en todos los frentes; tenían movilizados a 70 mil jornaleros dispuestos a enfrentarse contra las fuerza policiaca. La “gente de Bien” estaban horrorizados: “Son Macheteros…”Indios salvajes de Oaxaca”…”van a incendiar las casas”, etc.
La insurrección se preparó con mucho cuidado, los documentos subersivos y de agitación eran la Ley Federal de Trabajo y el Artículo 123 Constitucional; 70 mil mexicanos desconocían que sus derechos laborales estaban protegidos por la Constitución Mexicana y sus leyes: salario justo, seguridad social, trato digno. El movimiento tuvo un gran impacto nacional e internacional, se desnudaban las terribles condiciones de trabajo, mayordomos “Caraperro” que solo les faltaba el látigo.
En junio se llegó a los siguientes acuerdos: (1) afiliación masiva al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS); (2) Integración de un sindicato; (3) tres tipos de salarios, 150, 165 y 180, según la empresa; (4) salario mínimo integrado (una verdadera trampa laboral) y (5) un fideicomiso de 100 millones de pesos anuales, según para desarrollar la infraestructura de la zona y mejorar las condiciones de vida de los trabajadores agrícolas (otra gran mentira).
Estos acuerdos fueron el inicio de la destrucción de este gran movimiento que pudo ser el rebrote de la lucha obrera en México: se fraccionaron en dos Sindicatos, acusándose mutuamente de “vendidos y traidores”; los dirigentes sindicales no dieron el ancho y se perdió la capacidad de convocatoria.
Pero el golpe fatal para el movimiento es la estrategia actual implementada por las empresas agroexportadoras, sobretodo la transnacional “Berrymex”, en complicidad con el gobierno, es la modalidad laboral de “Saliendo y Pagando”: el jornalero trabaja a destajo, se le paga por tantas cajas de fresa o cubetas de tomate que haga y además el pago es diario, en efectivo, no hay nómina, ningún documento que muestre la relación laboral; el supuesto “patrón” es el enganchador, el “Coyote” que lo transporta a la parcela, al cual, el verdadero dueño le paga una comisión por cada jornalero.
De esa manera el empresario evade cumplir con las prestaciones laborales; él no tiene jornaleros, las fresas, moras y arándanos se “pizcan” solos; no hay rastros de la relación laboral, no paga IMSS, no hay días festivos, ni horas extras…ni nada. Cuando va a ir personal de IMSS o de la Secretaría del Trabajo a la inspección, le avisan al dueño y ese día no hay jornaleros, solo está el personal administrativo que tienen todos los papeles en regla. Los jornaleros no existen ¿A quién le importa?. Pero ellos son los que generan la inmensa riqueza que disfrutan los oligarcas de las viñas de ira.
¿Es posible otra rebelión?. Claro que sí. Trabajar sin tener ninguna prestación laboral, como derecho a la salud, vivienda, educación, trato digno, todo ello protegido en la Constitución y la Ley Federal del Trabajo, es material inflamable para una nueva insurrección. Vale.
10 años de la histórica rebelión de los jornaleros agrícolas de San Quintín, B.C.
Este era el pliego petitorio inmediato de los jornaleros; después agregaron lo de seguridad social y lo de parar el acoso sexual de los mayordomos “Caraperra” con las jornaleras.
El estallido fue violento, 70 mil jornaleros, la mayoría indígenas triquis y mixtecos, dispuestos a enfrentar a las fuerzas represivas del gobierno. Aquí en los primeros días del movimiento, enfrentamientos contra la policía Estatal y Municipal.
Aquí en Mazatlán, parte de la dirigencia del Sindicato Nacional Independiente Democrático de Jornaleros Agrícolas (SINDJA), a mi derecha Lorenzo Rodríguez, el primer Secretario General; a la izquierda, de gorra militar, Fidel Sánchez, uno de los dirigentes principales del movimiento jornalero.
Fidel Sánchez en primer plano, un año después de los acuerdos de junio del 2015. Los pleitos internos debilitaron la organización.

