¡JUSTICIA PARA LA MAESTRA SANDRA! Por Yosin Armenta

Carta abierta a la ciudadanía y a las autoridades de todos los niveles de gobierno.

Hay momentos en los que la vida te coloca frente a una escena que jamás imaginaste protagonizar. Una escena real, brutal, dolorosa, que deja heridas mucho más profundas que las que puede provocar una bala.

Hace unos días intentaron arrebatarle la vida a mi madre, la maestra Sandra.

Fueron cinco impactos de bala. Cinco disparos que pudieron terminar con su historia, con sus sueños, con su trabajo y con la vida de una mujer que ha dedicado su existencia al arte, a la formación de generaciones y a las luchas sociales. Pero mi madre está aquí. Está viva, está consciente, está bien.

Quiero agradecer de corazón a todas las personas que han preguntado por la maestra Sandra, que nos han escrito, enviado sus buenos deseos, oraciones y muestras de cariño. Cada mensaje, cada llamada y cada palabra de aliento han sido un abrazo en medio de estos días tan difíciles. Gracias por acompañarnos, por preocuparse y por el cariño. Siguen siendo una luz.

También quiero expresar un agradecimiento especial a la diputada Olegaria Carrazco, quien nos brindó su apoyo desde el primer momento, y a la gobernadora Graciela Domínguez Nava, quien estuvo pendiente de la situación, mandó personas para atendernos. En medio de la incertidumbre, esos gestos de atención y acompañamiento significan mucho para una familia que está atravesando momentos tan difíciles.

Pero también tengo algo que decirle públicamente a la presidenta municipal de Mazatlán, Estrella Palacios.

Se nos informó que usted había enviado su apoyo. Quiero decirle que, hasta este momento, nadie de su equipo o de su administración se ha acercado a nuestra familia. Nadie.

Y duele, particularmente porque la maestra Sandra no es una mujer ajena a las luchas de esta ciudad. Ha compartido caminos, causas y espacios de trabajo con personas que hoy forman parte de la vida pública de Mazatlán. Su trayectoria artística y social no comenzó ayer, ni debería hacerse invisible ahora que su familia necesita acompañamiento.

No escribo esto para pedir. No queremos un trato especial. Queremos la atención y la responsabilidad que merece cualquier familia mazatleca que atraviesa una situación de esta naturaleza.

Pero hay algo más que resulta profundamente indignante.

Hace más de un mes se había solicitado la instalación de alumbrado público, precisamente en la zona donde ocurrió el atentado. Se realizó el reporte ciudadano y, nadie le dio seguimiento.

no podemos afirmar que la falta de iluminación haya provocado este ataque, pero sí podemos señalar una omisión que merece una explicación: ¿por qué un reporte ciudadano permaneció sin atención? ¿Cuántas veces tenemos que solicitar algo tan básico como luz en nuestras calles para que alguien nos escuche?

Presidenta, no basta con hablar y mandar su buena vibra. Usted es la gobernante, la solidaridad institucional también se demuestra con presencia, seguimiento y acciones concretas.

A quien apretó el gatillo quiero decirle algo:

No pudiste matar a mi madre. No pudiste apagar su fuerza, no pudiste borrar su historia ni destruir todo aquello que ha construido durante tantos años. Mi madre es una guerrera. Lo ha sido toda su vida. Ha luchado desde los escenarios, desde las aulas, desde las calles y desde cada espacio donde ha creído que el arte y la justicia pueden transformar nuestra sociedad.

Tal vez nunca imaginaste que detrás de aquella mujer a la que intentaste quitarle la vida había una historia de lucha, de entrega y de resistencia. Una mujer que ha dedicado su existencia a defender causas, a construir comunidad y a formar seres humanos.

Pero esta historia no termina con que mi madre haya sobrevivido.

Porque también viajaban con ella mi padre y mi hija menor.

Mi hija tuvo que presenciar cómo intentaban asesinar a su abuelita. ¿Quién le devuelve a una niña la tranquilidad después de ver una escena así? ¿Quién borra de su memoria el estruendo de las balas, la sangre y el miedo de pensar que estaba perdiendo a alguien que ama?

Mi padre tuvo que ver a la mujer de su vida tendida en el suelo, ensangrentada, sin saber si volvería a levantarse. No hay palabras suficientes para describir el dolor de un hombre que contempla a su compañera de vida luchando entre la vida y la muerte.

Y nosotros, como familia, hemos tenido que enfrentar una angustia que no se la deseamos a nadie.

Y a las autoridades de seguridad y de justicia m, les exigimos que este atentado se investigue, se identifique a los responsables y no quede impune. Que se garantice la seguridad de mi madre y de nuestra familia. Que se atiendan también las consecuencias emocionales que este hecho ha dejado.

No queremos discursos. Queremos justicia.

Quienes conocemos el teatro sabemos de escenas que nos conmueven, nos sacuden y obligan a mirar aquello que muchas veces preferimos ignorar. Pero esta no es una escena que debamos normalizar. No es una tragedia que debamos aceptar como parte del paisaje cotidiano de nuestra ciudad.

El arte nos ha enseñado que el silencio también puede ser una forma de complicidad. Y mi madre, que ha dedicado su vida al arte y a las causas sociales, me enseñó que nunca debemos permanecer indiferentes ante la injusticia.

Por eso hoy levanto la voz. Mi madre está viva. Su historia continúa. Su lucha continúa. Y su voz tampoco ha sido silenciada.

A quien intentó arrebatarle la vida: no lo conseguiste.

A las autoridades: todavía están a tiempo de demostrar que la justicia no es solamente una palabra escrita en sus discursos.

Y a todas las personas que nos han acompañado: gracias por recordarnos que, incluso en medio de tanta oscuridad, todavía hay humanidad, solidaridad y esperanza.

Hoy podemos abrazar a mi madre. Hoy podemos mirarla a los ojos y agradecer que sigue aquí. Y eso, después de todo lo ocurrido, es nuestro mayor acto de resistencia.

¡JUSTICIA PARA LA MAESTRA SANDRA!

¡JUSTICIA PARA TODAS LAS FAMILIAS QUE HAN SIDO VÍCTIMAS DE LA VIOLENCIA!

Sandra y Tito. En el campamento de la Resistencia, en defensa de la Bahía de Ohuira.

En las comparsas del Carnaval mazatleco.

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