MI PADRE

El día del padre es bueno para escribir sobre la persona que nos pasó la mitad de sus cromosomas, protegió y alimentó mientras fuimos mamíferos endebles; y la ocasión ha sido fortuita, desempacando libros, de uno de ellos brincó un trozo de media cuartilla: eran los resultados de los análisis de orina de mi padre que le había hecho la QFB Quirina Gastelúm Román, en el Laboratorio de Análisis Clínico, Angel Flores No. 334, Guasave, Sinaloa.

En ese reporte se dice que le analizaron 45 mililitros de orina, con un color amarillo girasol, ligeramente turbia y en todo lo demás muy bien; mi padre, con las mitosis cancerosas a todo galope, tenía una orina de primera.

Estamos en febrero del 2007, hago guardia en el hospital del IMSS-Guasave; diez años antes de este reporte clínico, a Don Ramón (ese es mi padre), lo mordió el Varón de la Próstata y de inmediato se la extrajeron. El médico sentenció: a lo más 10 o doce meses de vida. Se lo fregó, aguantó 10 años más, llevando el mismo trajín diario: levantándose a las cuatro de la mañana, ir al mercado y conseguir los mariscos más frescos, las mejores verduras para su negocio y conviviendo con amigos y clientes.

Recuerdo que cuando lo dieron de alta, me dijo, casi a la sorda: “no sé qué me hicieron, pero todavía tengo muchos compromisos” (le habían hecho la Orquiectomía: del griego Orquis=testículo; Tome=cortar). Después supe que andaba enamorando a una mujerona que le surtía los quesos, panelas y requesones para su restaurante.

Porque ese era el negocio de don Ramón, un restaurante y un bar anexo, ambos muy exitosos; un caso muy raro de éxito, ya que mi padre cambió de oficio de manera repentina, de campesino sin tierra, sembrador a medias de ajonjolí en parcelas de temporal, en un rincón del planeta llamado “La Despensa” por el rumbo de Higuera de Zaragoza, en Ahome,  a restaurantero próspero en la famosa ciudad de Guasave.

El libro del que brincó la nota del laboratorio es el “Ulises Criollo” de Vasconcelos y estoy seguro que eran los días del carnaval en el puerto de Mazatlán y lo digo porque en el anverso de la nota, registré: llegó la Dra. Marrufo en la madrugada con el cabello lleno de confetis y dijo: “voy llegando de Mazatlán”; también están anotados los doctores que lo atendían en sus varias guardias: Dr. García, Dr. Patiño, Dr. Mojardín; la enfermera se llamaba Lolis, ella llevaba una papilla que yo le daba por una manguerita conectada en alguna tripa que lleva a la panza; el enfermero se llamaba Javier Arce y Euqueria la Trabajadora Social. Todos deben estar vivos y coleando.

Al final del pasillo había una banca, ahí me salía a leer para aguantar las largas horas de hospital, recuerdo que en un ventanal estaba pegado un cartel con la imagen de Juan Francisco Molinar Horcasitas, Director del IMSS, del círculo íntimo de Calderón; se me revolvía el estómago. No superábamos todavía lo del fraude 2006.

Los días (no recuerdo cuantos, el olvido tiene escondrijos) que pasé en la agonía de mi padre han sido los más intensos, los más íntimos que pasé con él: le leía párrafos del libro, lo regañaba cuando manoteaba y se quitaba la manguerita del oxígeno. Lolis me decía que ya no era consciente; pero yo le devolvía la papilla cuando la traía fría: “él come caliente”. Le decía. Murió en la madrugada, casi a la misma hora en que se levantaba para irse al mercado. Mi Padre. 

Mi padre, de campesino mediero a restaurantero exitoso. El año es 2007, acompañado de mi hermana Chavita, la más inteligente de la familia.

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