LA GARZA Y EL PESCADOR

El llega de una colonia periférica del Puerto; Ella, la Divina Garza, de la Colonia Pajarera, justo de la Isla de enfrente, donde vive con el Pelícano, nuestro cisne buchón y gris, la Fragata y el Bobo Patas Azules, de nombre noruego (Sula). Este Es el pájaro que le da cuerda al mundo.

Él, flaco, prieto, desdentado; pero ágil y alegre. Viene por la mojarrita para la frita, el Robalo pal caldo y si cae un pargo, mejor. “Siempre sale algo. El mar no falla”. Dice agradecido.

La Garza, albeante, siempre vestida de novia (¿o novio?, es difícil saber si es hembra o macho), lo acompaña sin competir, ella pesca en el lado opuesto de la Punta Rocosa, esa que está en la playita del “Chiles-Peiper”. Espera el retorno de la ola y ágil captura alevines plateados de un centímetro. Donde pone el ojo, pone el pico. Certero como flecha.

Hace un tiempo él pescó un “Toro- Jurel”, como de tres kilos. No vi la faena, pero sí el pescado, triste y vencido en la arena. Escuché su narración de la batalla pez-hombre; de como corrió de un lado a otro, dándole piola, jalándolo, hasta agotarlo: “peleó como media hora”. En ese momento era el hombre más brutalmente feliz del mundo.

Y uno se pregunta ¿ Qué se necesita para lograrlo?.Y el filósofo responde: “El hombre que pescó el Toro-Jurel no estaba feliz; más bien su estado anímico es de alegría; la felicidad es más pesada, duradera; la alegría es ligera, burbujeante, de un ratito”…¿Será?.

El Toro-Jurel es un potente nadador, por lo que tiene la carne, el músculo, cargado de miosina y sangre. Y le digo.

—“Pero la carne, al morir, se pone negra, amargosa…”

—“No’hombre, en zarandeado ni se nota”. Ríe franco, pelando las encías huérfanas y filosas.

La Garza Blanca lo acompaña todas las mañanas, lo observa, sigue sus movimientos; son compañeros de oficio. Pescan para comer.

Ella, satisfecha del desayuno fresco de alevines, vuela a la Isla, a su nido; él, contento, vuelve a su Colonia, lleva en la cubeta el sustento que le dio el mar.

Ese fue un día perfecto para La Garza y El Pescador.

Que tenga un sábado leve, procúrese retazos de alegrías para reunir fuerzas que nos permitan superar esta etapa borrascosa, de horror, plagada de sicarios asesinos, soldados en la calle y políticos grises de lengua larga, mente estrecha y bolsas muy anchas. Punto.

Enérgico, vital, prepara hilo y anzuelo. La Garza blanca, vestida de novia, lo observa.

Sigue sus movimientos, se acerca más, no le teme. Son viejos conocidos del oficio. La divina Garza y el viejo pescador orillero.

Esta es la Punta Rocosa del “chiles-peiper”. Hoy sábado no hubo Garza ni pescador. El Ciclón Polo trae muy agitado el mar.

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