EL RÍO: METÁFORA DE LA VIDA
El Río es una metáfora de la vida, en la parte alta es vigoroso, revuelto; ya de bajada, en lo planito, se vuelve manso, tranquilo, apenas un chorrito. Así es un río, brota agresivo en la sierra, remansa y curvea bailando en el valle y descarga en el mar; dicen los Geólogos, esos señores que saben de la vida de las rocas, que durante un millón de años, el río fragmenta y pule una pedazo de roca hasta convertirlo en grano de arena y lo entrega al mar; así somos, nacemos berreando, crecemos y nos queremos comer el mundo a pungaradas; tragarnos el mar en un buche y así vamos; los meandros del vivir nos van amansando y puliéndonos como granos de arena. El Río cuando llega al mar, no muere; renace como nube y reinicia la rueda eterna de la gota de agua.
Un Río siempre me recuerda estos crípticos versos pacianos, los únicos que me sé de memoria.
Un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre.
Y siempre llegamos: a tener hijos, a ver morir a nuestros padres, escribir un poema en la arena, a no ir nunca a Disneylandia ni votar por Alcaldes, Diputados o Presidentes.
Siempre llegamos a que se nos hinche la próstata y nos carcoma la roña del cáncer; terminar en un puño de cenizas en el fondo del mar; existir como nutriente y con la maravillosa fotosíntesis, ser átomo, molécula; gota de carbohidrato y reiniciar el eterno retorno. Así es la vida; así es un Río.
“Y me dijeron que Río arriba había oro”. En el Río Piaxtla, lento y amansado, cerca ya del mar.
En la Sierra de Huajicori. El Río Acaponeta, bravo y revuelto; mucho antes de llegar, cansado y cargado de nutrientes, a las majestuosas Marismas Nacionales. En la foto, dos de mis entrañables alumnos: Brianda y Misael.

