ZWEIG: UN SUICIDIO MUY FINO
Este sábado 22 de febrero 2026, se cumplen exactos 84 años del suicidio de Stefan Zweig y su esposa Charlotte Altmann (Lotte para los amigos). Fue en 1942, cuando ya tenía 8 años que había salido de Viena, acosado por la Gestapo que allanó su casa en busca de armas y días después quemaron todos sus libros. Supo que su vida estaba en peligro, malbarató todos sus bienes, sólo se quedó con un dibujo a lápiz del Rey Juan, obra del pintor William Blacke; aunque ese monarca fue un déspota en los tiempos de Robin Hood, el dibujo le gustaba por los ojos alucinados que logró el pintor. Esos ojos alucinados fueron su amuleto durante 8 años que andubo de judio errante por Europa y América, huyendo junto con Lotte, del terror nazi. Petrópolis, a una hora de Rio de Janeiro fue su última parada. Brasil estaba bajo la dictadura implacable de Getulio Vargas.
Zweig es el ejemplo modelo del intelectual burgués, culto, amante de la libertad, humanista, pacifista, empático con las causas justas, repelente a todo tipo de fanatismos, ya fueran nacionalistas o religiosos; tal vez, solo tal vez, si todos los burgueses fueron como Zweig quizá, solo quizá, no serían necesarias las revoluciones o lo serían menos violentas; claro, me dirán que las revoluciones son producto de las estructuras de poder y no dependen de la calidad humana, ni de la empatía o buena onda de burgueses cultos…pero las pueden mitigar.
Le tocó vivir las dos grandes guerras, la de 1914 y la de 1939; cuyas atmósferas iniciales cuenta en sus Memorias “La Europa de ayer”, de la primera dice: “Pero he aquí que el 29 de junio de 1914 sonó aquel disparo en Sarajevo, que en un solo segundo hizo añicos el mundo de la seguridad y de la razón creadora en que nos habíamos educado…”. Se trata del asesinato político de Francisco Fernando, el Archiduque austriaco, inútil y Decorativo, pero heredero del imperio de los Habsburgos.
Ese libro de memorias, escrito durante su vida errante, sin patria propia, sin sus archivos, es un excelente recuento de la historia de Europa, de sus dos guerras, de los triunfos de la razón, de las alegrías de la creación artística; de la angustia de vivir en un mundo donde todo de repente se vuelve oscuro, inseguro; Zweig como un cronista recoge lo mejor y peor de su época; sus grandes biografías ahondan en el perfil psiológico de sus personajes; mi generación devoró con entusiasmo su José Fouche (el tenebroso policía político de Napaleón, que sería una mezcla de Gutierrez Barrio y Miguel Nazar Haro), Erasmo de Roterdam, Magallanes, María Estuardo; sus ensayos sobre los “Tres maestros”, Balzac, Dickens y Dostoievsky, creadores de mundos literarios; la biografía del Escultor Augusto Rodin…
Recién leí su último trabajo “Novela de Ajedrez”, la entregó a su editor meses antes de suicidarse, es una novela corta, el personaje principal es ayudante de una Notaría, lo detiene la Gestapo para que revele donde están los documentos importantes de las propiedades de sus clientes; lo aislan y someten a interrogatorios extenuantes, después de varios días está a punto de sucumbir, cuando en un descuido del vigilante, se roba un libro de la bolsa de un abrigo colgado en la antesala de los interrogatorios; es un manual con 150 jugadas magistrales de ajedrez. Eso le salva la vida: se las aprende de memoria. La novela es una expresión de la angustia existencial del escritor perseguido por el poder nazi, que en esos días parecía invencible.
Stefan y Lotte, se suicidaron con una sobredosis del Somnífero Varonal, descubierto por el aleman Emil Fischer, el nombre se lo puso en honor a Verona, donde la tragedia de Romeo y Julieta, que también bebió una pócima para fingir su muerte. En su carta de despedida, Zweig aclara que ya está cansado de peregrinar sin patria, que a sus 61 años ya no tiene energías para comenzar de nuevo. El reclamo que le hacemos, es que en esa famosa carta, nunca menciona a Lotte, que lo siguió hasta la muerte con apenas 36 años y según la investigación forense, ella se suicidó 4 horas después. Misterio de la literatura. Misterio de la vida.
Stefan y Lotte. Se suicidaron con Varonal, un potente barbitúrico ya retirado del mercado. Zweig agotó sus energías en su trajinar apátrida, perseguido por los nazis, que en esa año de 1942 parecían un ejército invencible.
La famosa carta de despedida de Zweig, escrita en alemán, nada más la declaración está en portugués. En ella no menciona para nada a Lotte. La investigación forense mostró que Lotte se suicidó 4 horas después de Zweig. ¿Qué terribles conflictos emocionales acribillaron a Lotte durante esas 4 horas?. Ella no dejó ninguna nota. Misterios de la vida.
“El Rey Juan”. Dibujo a lápiz del pintor William Blacke. El Rey Juan o “Juan Sintierra”, fue un déspota y mal gobernante, en la época de Robin Hood, pero a Zweig le gustaban los ojos alucinados del personaje. Ese dibujo fue la única pertenencia que conservó después de su huida de Viena, le daba la sensación, durante su peregrinar, que estaba en casa. Los ojos alucinados del Rey Juan fueron su amuleto.

