MAZATLAN: FUERTE OLEAJE
Las sobras del Huracán Polo, que si tocó tierra el 29 de septiembre en BCS y los efectos del Rachel, que no aterrizó y se desplazó por el mar, generó un fuerte oleaje aquí en Mazatlán; el mar se salió, le mojó las nalgas a los Monos Bichis y arrojó piedras y arena en el paseo del Malecón, ya bastante carcomido por la erosión.
Esto fue nomás una probadita de la furia impredecible de la naturaleza; recordemos el Otis de octubre 2023 que devastó Acapulco; el Erick que golpeó Oaxaca en junio del 2025.
El clima es cada vez más antojadizo e impredecible; antes, los viejos campesinos (como mi padre) marcaban en los Almanaques de Chinas poblanas, los pronósticos de lluvia, casi nunca fallaban; ahora es más complicado; hasta a los sabios les está rayando el cuaderno, el matemático y glaciólogo Servio, Milutin Milankovic, nos dejó cálculos precisos sobre los periodos de las glaciaciones, se llaman “Ciclos de Milankovic”, se supone que en estos tiempos ya deberíamos estar en un periodo glacial, pero no hay tal y según los Glaciólogos y Físicos Atmosféricos modernos, esto se debe a la cobija de CO2 que cubre la tierra, gas que se genera por el desarrollo industrial. “Efecto Invernadero”, le llaman.
El punto es que vivimos en un caos climático, con zonas en sequía permanente (según CONAGUA, el 50% del territorio) y lluvias e inundaciones en otras.
Ya no le danzamos a Tláloc para pedirle al cielo que abra la llave del agua; ahora le disparamos yoduro de plata, pero ni así. En Nuevo León, se compró en el 2022, un avión King Air 250, que costó 135 millones de pesos, bombardeó dos años el cielo, 160 vuelos y ni una gota, y si llovía era en donde no habían bombardeado yoduro de plata. El “Fosfo-Tláloc”, Samuel Garcia, no hizo llover.
La grave crisis ecológica hace necesario y urgente que la ciudadanía y los políticos al mando, tengan cuando menos las bases de una alfabetización científica en lo ambiental que les permita tomar decisiones racionales, por ejemplo: Nunca se debió ampliar el malecón de Mazatlán hacia el mar y construir muros verticales. El diseño antiguo en diagonal disipaba la fuerza del oleaje. Hoy vemos los resultados: muros derribados y peligrosos socavones en el paseo.
En fin, una ciudad usurpada por cinco o seis grupos caciquiles, cuyo interés es la ganancia, lo ambiental y protección de la naturaleza es lo que menos importa.
En Mazatlán, por lo pronto, tan solo fue el Oleaje muy fuerte.
Por lo pronto, tan solo fue el oleaje.
Muros derrumbados y peligrosos socavones en el paseo del malecón.
Destrucción de palapas levantadas en la Playa.

