LOS TRES DÍAS QUE TUVE CÁNCER

Los Biólogos del cáncer tienen descritos poco más de cien tipos y subtipos de tumores cancerosos; también ya sabemos,  nacemos con un racimo de Oncogenes (los causantes del mal) que permanecen dormidos, inactivos, hasta que llega el diablo, sopla y produce una mutación en ese oncogen, ya sea por radiación, una partícula de asbesto, una de las 70 sustancias del tabaco (por ejemplo, el alquitrán), las exposiciones a metales pesados (arsénico, cadmio, cromo y níquel); también por una malhadada mutación natural.

Ese es el primer paso; ahora se requiere que se “apaguen” los genes que atacan los tumores y los destruyen; dadas esas dos condiciones, que pueden suceder en un proceso lento, las células empiezan una reproducción desaforada, “Mitosis Patológica”, le nombran los Oncólogos y esas células tienen la casi cualidad de inmortales, no paran de reproducirse y esa es precisamente la batalla, parar esas “Mitosis Patológicas” del “Emperador de Todos los Males”, como le llama el Oncólogo Hindú Siddhartha Mukherjee. Triunfaremos contra el cáncer cuando logremos detener esas mitosis.

Hace unos días, Hernán, un mi cuñado, sano de todo la vida, rockero, motonauta; de pura chiripa, en una revisión de rutina, le detectaron un tierno tumor en la vejiga, apenas un brote, una yema; se lo atajaron a tiempo, porque según decir médico, esos tumores, en esa zona, son de los más agresivos. Con ese antecedente a la vista, hice un recuento de algunos avisos corporales recientes que podrían implicar un riesgo de salud y sí había uno: desde hacía un mes, cuando tragaba líquido o sólido, sentía un agudo dolor en el mero centro del pecho. Indagué, consulté y entre todas las causantes, destacaba uno: posible tumor en el esófago.

Recordé una investigación gerontológica en la cual, desde una perspectiva darwinista, afirmaba que cuando un ser vivo ya no tiene la capacidad de dejar cría, se disparan procesos de autodestrucción, es decir se dan condiciones para que despierten aquellos oncogenes mencionados arriba y aparece el cáncer. El estudio hacía referencia a una población de ancianos centenarios del “Valle de la Longevidad”, en Los Andes Ecuatrianos, Vilcabamba se llama la comunidad.

Los ancianos de esa comunidad llevaban una dieta sana; pero el dato que destacaron los investigadores, es que la mayoría dijo mantener vida sexual. Los astutos viejitos engañaban a los genes mostrando que todavía podían engendrar y dejar cría. Validaban el viejo dicho de que “El amor dura mientras dura dura”.

Como no es mi caso, ni vivo en los Andes ni tengo dieta sana; la pasé rumiando tres días, marte, miércoles y jueves; en las madrugadas me despertaba y sentía que palpitaba una bola de células cancerosas en el esófago o en la mera “Boca del Estómago”. El jueves por la tarde marqué con el joven doctor Luis Alberto Topete, que tiene el equipo para explorar las entrañas por Endoscopía. El viernes a las 9, la cámara endoscópica revisaba el sistema gastrointestial.

A las 9:30, ya tenía el resultado: ni rastro de bola de células cancerosas en el esófago, si acaso una micro-úlcera gástrica cicatrizada, quizá producto del cigarro y el cafe amargo de las madrugadas. Esos fueron los tres días que tuve cáncer.

Un extenso estudio de la batalla humana contra el cáncer. Este mal es en verdad una paradoja, ya que es la expresión perfecta de la vida, las células cancerosas se liberan de todas las ataduras bioquímicas que les impidan reproducirse y distribuirse sin límite. El tumor se convierte en otro ser vivo, autosuficiente, que se construye su propio suministro de sangre y se blinda contra todos los ataques, chupándole la vida a su hospedero.

El diagnóstico por endoscopía. Cero tumor canceroso en el esófago.

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