ISLA PÁJAROS EN MAYO

Las tres islas de la Bahía de Mazatlán, asoman sus lomos secos, como si fueran bestias petrificadas  del jurásico; la de Venados está unida a la de Lobos, por una lengua de arena que se divisa con la marea baja; cuando hay marea alta, hay un oleaje encabronado; ahí nos llevaba el Capitán lanchero Cupertino Arroyo a los recién ingresados a la Escuela de Biólogos, para recibir el bautizo de la marejada y darnos la primera mareada.

La Isla de Pájaros está un poco más adelante, tiene casi medio kilómetro cuadrado de superficie, de largo 1100 metros y de ancho varía de 650 a 800 metros. La poeta Ana Belén, en su geografía poética del puerto, escribió: “Hoy no salieron las Islas/Cubiertas con la neblina como cobija/se quedaron quietas, dormidas”.

En esta mañana de mayo, un viernes de azulito, con parches de nubes estratocumulus, la Isla de Pájaros grita sedienta; los pastizales lucen pardos y secos; el árbol de la Flor de Mayo (Plumeria o Cacaloxóchitl), no florea todavía, es la planta dominante de la Isla, en pelea ecológica por despalzar a la Manzanita de Playa (Cratieva) y a la Uña de Gato o Celtis (esta tiene fama de medicinal, se toma contra el cáncer de Próstata). Las copas y follajes de estas plantas sirven para la anidación de las aves playeras, la más abundante es el Pelícano, los biólogos han contado 600 nidos activos; también son abundantes las garzas Blanca y Morena, así como el Ibis Blanco. De ahí su nombre de Isla Pájaros.

En la playa, una dama gringa ya anciana, recoge el excremento de su mascota y la regaña; ella le ladra en inglés. Dos mujeres mañaneras se toman fotos y ríen cuando las olas mojan sus pies. ¿Son felices?. Quizá, o mejor decir “andan alegres”. La alegría es más ligera, menos complicada que la felicidad.

En la arena húmeda, las patas de las gaviotas dibujan mapas piratas de tesoros escondidos. De pronto, el sol pega de lleno en la Isla, la ilumina toda y se mira el paisaje árido, azoico; pero pronto, con las primeras lluvias, cuando el verano la agarre de la cintura, se vestirá de verde y todos sabemos, que el verano, aún breve, tiene la obligación de ser alegre.

La Isla Pájaros, junto con la de Venados y Lobos, le regalan a los malagradecidos hoteleros de la Zona Dorada un valioso servicio ambiental: amansan el oleaje, tanto en tiempo normal como en temporada de huracanes. Los edificios los construyeron, valiéndoles madre los 20 metros de la Zona Federal Marítima Terrestre, en la línea de playa, casi sobre las olas y como no hay malecón, el oleaje carcome sus cimientos, la barrera de las tres islas amortigua esa erosión, pero no la evita, tarde que temprano, como en los hoteles de Miami, sufrirán graves daños estructurales. Al tiempo.

Tomé una foto del cielo para la colección del nubario que estoy construyendo. Esa fue la mañana de La Isla de Pájaros, un viernes de mayo.

La isla Pájaros por la mañana, sin luz de sol.

La Isla Pájaros iluminada por el sol. El paisaje es árido. Todo está seco; pero con las primeras lluvias de junio se vestirá de verde.

Dos mujeres otoñales se toman fotos y ríen contentas cuando la lengua húmeda del mar acaricia sus pies.

Las patas de las gaviotas dibujan mapas piratas de tesoros escondidos.

Las nubes de mayo para mi nubario.

El amanecer, las tres islas son como los lomos de tres dinosaurios petrificados desde el jurásico.

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