A veces he contado hasta 10 durmientes a pierna suelta en la playa, algunos tienen su pachita de Tonayán a buen resguardo; otros envueltos en cobijas o sábanas; pero también a rin pelón, echados nomás en la arena. Son las 6 de la mañana.
Hace un buen de tiempo, más de un año, el oleaje sacó el cuerpo de un hombre joven, ahí por el rumbo de la playa del Luna Palace. Los empleados que barren los corralitos y ponen las tumbonas para los huéspedes, avisaron a la policía.
El cuerpo estaba tendido en la arena, las cuencas de los ojos vacíos. Por ser la parte blanda al descubierto, es lo primero que se comen los cangrejos o los enjambres de anfípodos y también peces carroñeros. Quizá era uno de esos durmientes que alcoholizado se durmió muy pegado a la orilla y se lo llevó la marea.
Estos personajes van y vienen por toda la República, un día los ves y después desaparecen. Hace un tiempo recaló un muchacho joven, dormía en la playa, a un lado de las ruinas del Camino Real. El empleado municipal de la Administradora de Playas, le apartaba los residuos de comida mejor conservados: “Le encantan las pizzas” . Me dijo.
También apareció una muchacha, muy atractiva y que apenas iniciaba su condición de calle, deambulaba por la Zona Dorada, a veces semidesnuda, otras con ropa fina que alguien le regalaba. Se bañaba desnuda en una llave del OxxO de CONAPESCA. Un mesero de bar de la zona me contó que hablaba inglés, que los gringos le regalaban mariguana. Desapareció, se esfumó.
El Sociólogo Gabriel Gatti dice que estos son los seres humanos “Leftovers”, los sobrantes del mundo, 150 millones de indigentes que deambulan por el planeta. Imagínese, se puede formar con ellos un país del tamaño de México.
Un buen día mueren por tandas, pero la sociedad los repone con incremento y llegarán los tiempos en que los “Leftovers”, los sobrantes, serán la mayoría, harán la revolución y le darán cuerda al mundo, como el pájaro del japonés Haruki Murakami.
Los durmientes playeros.
Este aprovechó las sillas para dormir.
Se envolvió en la sábana. Le moví un pie para averiguar si estaba vivo; no fuera ser un encobijado ya difunto.
Este de plano se acurrucó en las piedras. Dormía profundamente, como si no hubiera un mañana.
Este es un tronco de árbol que sacó la marejada. Es reciente porque no está cubierto de algas ni de balanos ni Lepas. Así son nuestros “sobrantes humanos”. Ramas y troncos desgajados del cuerpo social que deambulan por el mundo. El Evangelio, seas o no religioso, nos da un mensaje muy humano: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. ¿Los Leftovers son nuestro prójimo?. Duda razonable; caridad postergada.

