CULTO A LAS CENIZAS

Ciudad de México, 1909, en el Panteón de Dolores, se echó a funcionar el primer horno crematorio construido con piezas llegadas de Alemania; en ese año, el segundo cuerpo difunto incinerado fue el de Don Julián Montiel y Duarte, viudo de Doña Ángela Peralta, cuyos restos fueron exhumados (había muerto en 1902) y convertido en cenizas.

No fue si no hasta 1963 que la Iglesia Católica aceptó la cremación, ya que para los teólogos, el versículo bíblico de “Polvo eres y en polvo te convertirás”, no hace distinción entre polvo y ceniza; además, para la resurrección no hay ningún problema: resucitamos en espíritu no en carne y hueso.

Los mexicanos tenemos una relación muy de acá con la muerte, según la cual no la tomamos en serio, nos burlamos de ella, le decimos pelona, tilica, flaca, huesuda, calaca; la vestimos de catrina y el día de muertos la convertimos en calavera de azúcar y va pa dentro.

Quizá por eso los legisladores no han acordado una ley de pena muerte; si no se le teme, no sería un factor para disuadir o inhibir los actos criminales. Aunque algunos antropólogos no coinciden con esta idea, por ejemplo, Caludio Lomnitz, en su extenso ensayo “La idea de la Muerte en México” (después lo vemos, cuando lo termine).

Pero lo cierto es que a nuestros fieles difuntos, aunque nos burlemos de la calaca, a ellos les guardamos respeto e incluso veneración. Visitamos su tumba en los cementerios; les hacemos fiesta el 2 de noviembre, levantamos un altar y si su voluntad fue la cremación, esparcimos sus cenizas en sus sitios más queridos: el mar, un Río, el bosque, bajo un naranjo…

La cremación poco a poco está ganando terreno; aquí en Mazatlán hay tres parroquias que ofrecen el servicio de “Cenizario”, criptas o nichos donde usted puede depositar la urna de su difunto mediante el pago de módicas anualidades; por ejemplo, la de mi comarca, la Iglesia de San Juditas, cobra 250 pesos al año por gastos de mantenimiento; recién el Padre Horacio, párroco del lugar, colocó un aviso para que pasen a pagar los morosos (¿qué harán con las cenizas de los que no pagan?, ¿se usarán para los miércoles de ceniza?).

Pero la preocupación más grande, que me han hecho llegar, es cómo estar seguros que las cenizas son de su sagrado difunto y no pase lo del Crematorio La Plenitud de Cd. Juárez. Quizá lo mejor es ver cuando introducen el cuerpo en el horno o bien, si tenía implantes dentales de Titanio o Circonio, pedirlos cuando entreguen la urna. Honremos las cenizas de nuestros difuntos.

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NOTA DE OTRAS CENIZAS, LAS POLÍTICAS. En 2018 arribó a Sinaloa una nueva clase política, había entusiasmo, esperanza renovadas, de que habría cambios sustantivos; esperábamos que los Alcaldes, Regidores, Senadores, Diputados Federales y Locales, fueran los portadores de la buena nueva a todos los sectores sociales marginales, que acudirían a los ejidos, campos pesqueros, colonias populares, sindicatos obreros, etc. Que recogerían y también llevarían proyectos productivos emancipatorios; en el 2021 se conquistó la gubernatura; pero nada cambió, si acaso los apoyos de los programas sociales que son migajas repartidas para que todo siga igual. Hoy esa “nueva” clase política que pretendía la hegemonía se ha hecho polvo, ceniza. Nunca supieron gobernar y el tiempo les cobró la factura. ¿Surgirán nuevos liderazgos en Morena Sinaloa?; ¿Será la Señora Imelda acompañada de exalcaldes, diputados federales y locales que nunca han hecho nada por la gente?.Pendientes.

Que pasen a pagar los morosos. Es el “Cenizario” de la San Juditas. Ahí puede llevar la urna con las cenizas de su amado difunto.

Un descarado y costoso acto de campaña disfrazado de información legislativa. Si desde ahorita miente…

Un estudio profundo de la idea de la muerte en México. Desde el holocausto de la Conquista (se eliminó el 70% de la población indígena de 1519 a 1595) hasta el culto a la Santa Muerte.

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