CLAUDIA Y LA GRAMÁTICA DE LA MUERTE
En estos dos años, en Sinaloa, hemos leído una antología gráfica de las formas del horror público: colgados, decapitados, desmembrados, calcinados…Quizás lo más estrujante ha sido el asesinato atroz de niñas y niños.
A esa gramática de la muerte, vino la Presidenta Claudia a poner las comillas y los puntos suspensivos: poderosos helicópteros militares vigilando desde el cielo; carros artillados y dedos en el gatillo por las calles calientes; dos kilómetros de cinturón de seguridad; se agregaron mil marinos y 800 policías “Harfuch” a las fuerzas federales locales. La Presidenta fue blindada, encapsulada; puesta entre paréntesis y corchetes.
¿Por qué con todo ese poder militar y capacidad de fuego no se ha podido vencer al crimen organizado?. La respuesta está en el viento.
También es doloroso constatar que los pobres ya no son esperanza; vuelven a ser número, herramientas para todos los usos: incluirlos en los discursos, llevarlos a los actos de masa, abrazarlos en las temporadas electorales…
Claudia desde el templete habló, es el mismo soliloquio del injerecismo y defensa de la soberanía; cuando ahí cerca, siguiendo la línea de la costa, hombres blancos, calvos e imberbes, llegados de Alemania y Suiza, cargados con dinero de un Banco Alemán,se apropian de una franja de territorio y pretenden envenenar la Bahía de Ohuira. Son las comunidades Yoremes las que defienden la Soberanía en concreto, no en el discurso abstracto. “Su fulgor abstracto es inasible”. Nos dijo el poeta.
Hace unos días, la gente de Culiacán, la más sufrida, salió a las calles a gritar el dolor por su ciudad y nos recordaron el verso de Borges: “No nos une el amor, sino el espanto; será por eso que la queremos tanto”. Para ellos, ni una palabra de balsámico consuelo ni de gotas de esperanza.
LA GRAMÁTICA DE LA MUERTE.
Una excelente fotografía de Juan Carlos Buenrostro de la Jornada. Las mandíbulas, ambas, casi simétricas, el apretón enérgico de manos; el rostro suplicante del anciano campesino, quizá ejidatario empobrecido, algo le pide en medio del barullo, mientras una mujer, al borde de la histeria, intenta entregar unos papeles.
Esto si saben hacer, llenar recintos, auditorios, canchas, techumbres.
Los políticos en público siempre sonríen, lo hacen por oficio. Muestran que son la alegría misma. Si ellos sonríen, la patria también sonríe.

